Se ruega silencio


Hoy he recordado un artículo que decía que el silencio no existe y he querido rescatar una reflexión personal que hice hace un tiempo acerca de ello.
  • Calla, escucha.
  • No oigo nada.
  • Así es como te habla el silencio… 

Me gustaría callar y dejar que el silencio hablará por mi, pero en la contemporaneidad, en esta época de caos, de procesos que se configuran a un ritmo vertiginoso y de ruido vacío, el silencio es algo incomprendido, abocado al fracaso o, cuanto menos, a caminar a la sombra del sonido.

El silencio no representa ese instante en el que cesa cualquier tipo de eco, rumor, tañido, estruendo o crujido. El silencio es cuando uno aprende a acallar las voces que desde dentro le piden que llene el vacío de su mente con más palabras y nuevos sonidos. Pero ¿porqué ese miedo a quedarnos solos con nosotros mismos?

Mientras el sonido acompaña, el silencio reflexiona. Mas, ¿quién quiere reflexionar en un mundo vibrante donde no hay tiempo para pararse a hacerlo? Lo triste de todo esto es que en la perdida del sentido del silencio, el sonido, que se ufana anticipando una victoria falaz, se trivializa. ¿Escuchamos los gritos de los que piden ayuda? ¿o los escuchamos como voces lejanas que resuenan en alguna parte de nuestra mente?

Quizá mi pensamiento sea excesivamente lacónico, quizá solamente se fundamente en una visión demasiado joven de la vida… pero pienso que si no dejamos al silencio reflexionar, mientras permitimos que el sonido grite, acalle cualquier raciocinio, comunique contenido vacío y susurre perturbadoramente… ¿cómo vamos a ayudar verdaderamente a quien lo necesite si los mensajes de socorro se deslizan tan sutilmente por nuestra mente como el agua se escurre entre los dedos? ¿cómo vamos a distinguir donde está la verdadera naturaleza del bien humano?

Puede que el sonido nos permita oír lo que traslada, pero no escuchamos el auténtico significado que entrañan sus palabras, sus mensajes… irremediablemente distorsionados y manipulados. Únicamente el silencio es capaz de desdibujar la falsa noción que atribuimos al dilatado mundo de sonidos internos y externos que nos acompañan.

El silencio es el sonido puro, esencia perfecta, esa que no perturba y sobre todo, no engaña a la mente humana. Pero quizá el conocimiento de su verdadero significado esté condenado a ser materia exclusiva de ascetas mientras que nuestro legado es ese mundo caótico y ensordecedor que nos deja oír, pero no escuchar…

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