Hand of sorrow

Una mano atrapaba un sueño. Una palma encerraba los deseos más inocentes. Mientras tanto, entre los dedos se preparaba el terreno para un desenlace trágico. Las uñas abrieron las puertas a la nada, se alejaron de la palma que guardaba aquella quimera. Desgarraron el mensaje secreto oculto en cada una de aquellas ilusiones que por entre los huecos vacíos de tus dedos se deslizaron volando en forma de cristales rotos. Sin un rumbo concreto que seguir, a otra mano le costaba demasiado recuperar esas porciones de sueños olvidados que se desperdigaron en un vacío siniestro. Ahora intenta coser los deshechos que fue capaz de recuperar, pero lo único que verdaderamente anhela es que vuelvas a cerrar esa mano y atrapes de nuevo aquella antigua esperanza.

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Vértigo

Algo me pide que me arroje. Es la voz de la nada. El silencio aprendiendo a hablar.

Siento pánico. Por una vez, podría lanzarme de cabeza contra algo que es invisible pero que me mataría seguro.

Es la fuerza de la gravedad, que me llama cobarde.

Hay algo casi erótico en el miedo que siento, es el deseo psicológico. El de arriesgar todo por el peligro.

Me dice el viento con su voz melódica, “ven, ven”. Y quiero correr hacia él, pero mi cuerpo sigue pegado a la pared.

¿Nunca has sentido, en el lugar más alto del mundo en el que hayas estado, cómo tu cuerpo pide que te venzas al vacío?

Eso es lo que siento cada vez que pienso en ti.

Vértigo.

Y el deseo enorme de arrojarme de cabeza hacia lo desconocido…


 

Aprender inglés, bajar de peso, dejar de fumar, apuntarse al gimnasio, ahorrar, sentar la cabeza… eso es lo que toca a partir de cada 1 de enero y para ello sólo es necesario ser perseverante y tener una buena fuerza de voluntad. Sin embargo, todos los años volvemos a reencontrarnos con los mismos propósitos.

Hoy digo que todo eso que es tan fácil de llevar adelante al final se convierte en la personificación de la pereza… es normal aburrirse pronto de objetivos tan insustanciales. ¿Me hace mejor saber más inglés? ¿pesar un kilo más o uno menos?

Este año no me propongo ni ser perseverante con un idioma ni con una dieta. No voy a agobiarme pensando que durante tres semanas solo salí a correr una vez o que me pasé una tarde entera comiendo dulces (o salados, porque a veces la combinación de ambos es irresistible).

Voy a cumplir un propósito mucho mayor, mucho más difícil de llevar adelante y sin duda, el que será un reto para alguien como yo. No voy a dejar que mi voz se apague dentro de mi. Y no bailaré sola si puedo evitarlo.

Siempre he sido un poco bruta para hablar porque no me da miedo decir lo que pienso, pero sí todo lo que siento. A veces solo decir un “te quiero” o un “te necesito” se convierte en un lastre cuando se va almacenando muy hondo bajo el pretexto de un “ya lo diré” o “¿y si me quedo sola al decirlo?”.

Y si algo me duele, lo lloraré; y si algo me gusta, lo reiré; y si algo me enamora, lo mimaré; pero nunca más apretaré con fuerza mis labios para cuidarme de mis palabras.

Ahora te agradezco que volvieras una vez más. No entendía por qué, ni quería saberlo. Pero en el fondo, mientras tú te perdías entre el resto de la gente solo pensaba que ojalá hubiera sido más valiente y hubiera pensado algo menos las cosas. Pero también me di cuenta de que no es a ti a quien le debo empezar a rendir cuentas de cada una de las cosas que siento porque tú nunca llegaste hasta mi.

A partir de hoy, me encargaré de cuidar todo lo que venga y todo lo que ya está.

Feliz año… ¡os reto a que os retéis!