Image

Gracias, Pep, por estos años en los que has hecho que el fútbol sea un deporte precioso de ver y sobre todo, gracias, Pep, por 14 títulos que han hecho honor a la calidad, el esfuerzo y la técnica de un equipo que contigo no ha tenido igual.

Sólo podías irte con un último título.

Gràcies, Pep

Anuncios

El que ríe último, ríe mejor.

¿Alguna vez os habéis preguntado si funciona el karma? Imagino que sí, porque Karma es un concepto muy de la New Age y está de moda hablar de ello. Todavía.

– Me he caído por las escaleras. – Eso es el karma.

– He llegado tarde al trabajo. – Eso es el karma.

– Soy feo. – Eso es el karma.

Y lo peor de todo es que después de un par de años acuñando el karma a cualquier acto desgraciado que nos aconteciera, la mayoría de la gente que maneja a libre albedrío el concepto no ha aprendido aún que uno tiene que irse al otro barrio y volver a nacer para que todo el mal causado le sea devuelto justamente. Bueno, justamente siempre en base a la visión de la teoría kármica sobre tu persona, porque tú, en otro cuerpo, otra vida y otra era te estarás preguntando qué coño hiciste para que se te hayan muerto las plantas o el hijo pequeño de tu vecino que vive sobre tu piso no deje de correr por toda la casa mientras intentas dormir.

Claro, que la gente habla de karma como si hablara de su vecino el del 5º. Ese que un día, repentinamente, sale en las noticias porque ha asesinado a toda su familia y entonces te puedes ver atrapado en ese grupo de personas que dicen de sus vecinos locos “pero si era una persona normal. Siempre saludaba” y empiezas a replantearte si conocías realmente a tu vecino. Pues con el karma lo mismo, tu crees que eso es algo que está ahí hasta que un día intenta asesinarte.

Pero hay algo más divertido que la teoría kármica. Es lo que yo llamo el “castigo cósmico”. El karma no es una cuestión de mal-consecuencia. Si vas por la calle caminando tranquilamente y de repente alguien se mete la hostia padre delante de tus narices, si es por temor al karma, tranquilo, te puedes reír, adelante, lo único que te puede pasar es que si tú crees en la reencarnación y en los principios hinduístas que dicen que todo acto negativo te será devuelto, es probable que en tu otra vida te rompas los dientes contra el bordillo de la acera mientras vas caminando delante de algún desconocido, probablemente de aquel del que te reíste en tu otra vida. Pero lo que es a corto plazo, la dentadura seguiría estando en su sitio. A menos que, como yo, seas uno de los elegidos por el cosmos para ser castigado.

¿A qué me refiero? bien, hablo de un castigo a corto plazo. El cosmos en su infinita sabiduría pone sus ojos en cada una de nuestras acciones para castigarlas mucho más rápido de lo que lo haría su amigo perezoso el karma que tarda algo así como una vida entera en espabilar. El cosmos simplemente ejecuta su castigo en el plazo de un minuto, unas horas o un par de días. Y sé de lo que hablo porque os escribo con el tobillo torcido.

Ayer estaba yo dando un paseo con mi perro por la calle y siempre le bajo unas chucherías para el camino. Llegado el momento de premiarle, me apeteció “jugar” un rato con su inteligencia. Puse en mi mano derecha un trozo de chuche, se la enseñé y cerré la palma de la mano. A continuación cogí un trozo de corteza, me lo puse en la mano izquierda, se lo enseñé y cerré el puño. Mezclé en las dos manos ambas cosas y cambié corteza y chuche de manos. Así, le puse las dos manos al perro para que el solito decidiera. Él miraba sin inmutarse mi mano derecha mientras babeaba como si estuviera a punto de sufrir un colapso mental. Me reía de su ingenuidad, así que le abrí la palma para enseñarle que se había equivocado. Pero era tarde, el sólo pensaba en comer, comeeeeeeeeeer y con toda su ansia cogió a la velocidad del rayo el trozo de corteza y se puso a masticar como si no hubiera un mañana. En mi ataque de risa, tarde un buen rato en enseñarle que la chuche estaba en la otra mano y sólo entonces el perro debió notar que aquella “chuche” sabía rara y la escupió.

A mi todo eso me pareció muy divertido, pero el cosmos ya estaba urdiendo su propio plan para que el perro también pudiera divertirse un rato a mi costa y es que esta misma tarde, en el mismo lugar, a la misma hora y a punto de llevar a cabo la misma broma he ido a echar mano de las chuches que guardaba en el bolsillo con tan “mala suerte” que yo estaba sentada en un pretil y he perdido el equilibrio de una forma tan patética que creo que hasta el perro, que estaba sentado frente a mi, ha celebrado su propia fiesta interior con aplausos y todo por la hostiaza que he estado a punto de pegarme.

El cuerpo al suelo no se fue, supongo que mi “broma” no fue como para llegar a esos extremos, pero el cosmos me ha dado un empujoncito (nunca mejor dicho) que me ha dejado medio lisiada porque en mi descenso hacia el suelo, solo he tenido tiempo de mover una pierna que he dejado clavada de la manera más adiscorniada posible sobre el borde cual yogui en una sesión de lo más intensa.

Si os digo la verdad, ni siquiera sé que os estoy queriendo decir con todo esto, pero una cosa está clara, dejad de acuñar todo al karma (por muy de la New Age que quede) porque el castigo cósmico se merece el reconocimiento a su trabajo… ¡sobre todo teniendo en cuenta que lo hace mucho mejor, más rápido y de manera universal!