Floor Jansen

Floor Jansen. Ella encabeza el segundo puesto en mi lista de vocalistas femeninas favoritas del metal. Es ridículo que jamás le haya dedicado una entrada, si quiera algunas palabras. Pero todo tiene una buena explicación y es que, Floor, es de esas mujeres difíciles de describir.

Es una de esas mujeres cuya fuerza intimida. Sabes que tienes mil cosas para decir de ella, pero no sabrías ni por dónde empezar. Es, en definitiva, una de esas mujeres que podríamos pensar que se ha escapado de otro planeta. De uno plagado de superwomans.

Esta holandesa (bien, Holanda, bien) empezó su carrera con 16 años, cuando llegó a ‘Apocalypse’, nombre con el que se conocía antes al desaparecido ‘After Forever’ y tiene para mi algo que no tienen muchas de las cantantes femeninas que conforman el cartel europeo actual del metal. A los que me conocéis… no, ni siquiera Simone Simons.

Floor tiene una increíble facilidad para cambiar de un registro a otro y una voz… ¡qué voz! ¡qué fuerza! parece que va a desgarrar el espacio. Ella se atreve con todos los estilos, rock, ópera, pop… lo que pille, incluso se atreve a probar distintos matices y ha empezado a incluir guturales.

Ella es una superwoman moderna que supervisa cada proceso del trabajo de tal manera que no sólo es la fundadora de su nueva banda ReVamp, sino que también es su compositora, su cantante, toca tres instrumentos e incluso le queda energía para ser profesora de canto, ¡hasta por videollamadas de Skype! Floor es única hasta para eso.

Porque otra cosa de la que cabe hablar es su actitud en los escenarios y que argumenta aún más mis motivos para pensar que viene de otro planeta. Sólo hay una palabra para describirla sobre el: marciana; No deja indiferente, desde las cosas que hace hasta la ropa que usa (he llegado a verla con pantalones de cowboy). A esto añadimos una mujer imponente que mide 1,81cm y no para un segundo quieta por el escenario.

Pero la verdad es que no importa cuanto me moleste en describirla, cuanto tiempo invierta hablando del talento que la acompaña o de lo bizarra que puede llegar a ser, porque no llegaríais a haceros una pequeña idea. A Floor hay que descubrirla por su voz, escuchándola, siguiendo sus directos y dejando que su música se cuele en nuestros reproductores.

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No TVeo

Image

Lo compré hace años. Era mi primer televisor. No era el modelo que imaginé adquirir algún día pero en cuanto lo sintonicé sentí la conexión. Emitía la señal.

Frente a el, disfruté de programas que me hicieron reír, llorar y salir de mis casillas en más de una ocasión. Tardó poco tiempo en mostrar sus defectos de fábrica. A ratos, la imagen se perdía, el sonido se diluía o simplemente se apagaba sin venir a cuento.

Intenté programarla de mil maneras. ‘Sólo es una televisión más’ me decía. Pero de un día para otro, era la televisión a la que yo ya tenía cariño. Además, aún sin saber como, de una forma u otra, la señal siempre volvía. Pero desde ese momento siempre tuve el temor de que algún día desapareciera para siempre y tuviera que darme por vencida con la dichosa caja tonta.

Con el tiempo, la señal era cada vez más débil y yo me empeñé en arreglarla a lo bestia. Vamos, a ostia limpia para ver si a base de tratarla mal, la imagen se hacía fija. Insensible de mi. Estúpida también.

Finalmente, opté por ser más condescendiente y menos agresiva. Aunque la garantía ya había caducado hacía años, traté de arreglarla por mi propia cuenta. Nunca quise llevarla a que la reparasen manos expertas porque sabía de antemano la respuesta que me darían: “esta televisión tienes que cambiarla”.

Me acostumbré a ver la imagen a medias y a perder el sonido cada 2×3. Pero un día, sentada frente a la televisión esperando a que se definiera la imagen, me di cuenta de que ya no disfrutaba con sus programas. Que ya no reía, ya no lloraba. Ni siquiera me enfadaba. Simplemente, miraba sin ver.

Los amigos que venían a verme, estaban hartos de esa televisión que emitía poco y mal. Ellos me hablaban de otras mucho mejores, más grandes, con mayor calidad de imagen y un sonido que pareciera que estuviera en el cine. Empecé a reflexionar, ¿cómo podía conformarme con una televisión que emitía imágenes a medias y hacía ruido cuando le apetecía?

Ahora estoy en ese punto en el que me doy cuenta que últimamente falla demasiado. Siento que pierdo la señal y que es inevitable sustituirla. Al final, el mercado está lleno de televisiones con las que volver a disfrutar sin vivir con la tensión constante de ver cuando llegará el momento en que la imagen pase a negro y me diga: NO SIGNAL FOUND.