No TVeo


Image

Lo compré hace años. Era mi primer televisor. No era el modelo que imaginé adquirir algún día pero en cuanto lo sintonicé sentí la conexión. Emitía la señal.

Frente a el, disfruté de programas que me hicieron reír, llorar y salir de mis casillas en más de una ocasión. Tardó poco tiempo en mostrar sus defectos de fábrica. A ratos, la imagen se perdía, el sonido se diluía o simplemente se apagaba sin venir a cuento.

Intenté programarla de mil maneras. ‘Sólo es una televisión más’ me decía. Pero de un día para otro, era la televisión a la que yo ya tenía cariño. Además, aún sin saber como, de una forma u otra, la señal siempre volvía. Pero desde ese momento siempre tuve el temor de que algún día desapareciera para siempre y tuviera que darme por vencida con la dichosa caja tonta.

Con el tiempo, la señal era cada vez más débil y yo me empeñé en arreglarla a lo bestia. Vamos, a ostia limpia para ver si a base de tratarla mal, la imagen se hacía fija. Insensible de mi. Estúpida también.

Finalmente, opté por ser más condescendiente y menos agresiva. Aunque la garantía ya había caducado hacía años, traté de arreglarla por mi propia cuenta. Nunca quise llevarla a que la reparasen manos expertas porque sabía de antemano la respuesta que me darían: “esta televisión tienes que cambiarla”.

Me acostumbré a ver la imagen a medias y a perder el sonido cada 2×3. Pero un día, sentada frente a la televisión esperando a que se definiera la imagen, me di cuenta de que ya no disfrutaba con sus programas. Que ya no reía, ya no lloraba. Ni siquiera me enfadaba. Simplemente, miraba sin ver.

Los amigos que venían a verme, estaban hartos de esa televisión que emitía poco y mal. Ellos me hablaban de otras mucho mejores, más grandes, con mayor calidad de imagen y un sonido que pareciera que estuviera en el cine. Empecé a reflexionar, ¿cómo podía conformarme con una televisión que emitía imágenes a medias y hacía ruido cuando le apetecía?

Ahora estoy en ese punto en el que me doy cuenta que últimamente falla demasiado. Siento que pierdo la señal y que es inevitable sustituirla. Al final, el mercado está lleno de televisiones con las que volver a disfrutar sin vivir con la tensión constante de ver cuando llegará el momento en que la imagen pase a negro y me diga: NO SIGNAL FOUND.

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