Vi llegar entre nubes negras, con la lluvia, el viento y la tormenta, tu sonrisa que era luz para mi y creí que brillaría siempre siendo mi sol. No fue así.

Pensé que si era el sol quien te traía de vuelta, te quedarías para siempre, pero lo único que permanece aquí es mi inagotable nostalgia. Y deja que te diga que es mejor verte marchar bajo la lluvia, que sabe cómo esconder esta pena.

Hoy vuelven los días grises mientras te llevas nuestros recuerdos, que son manchas, ahora cicatrices en tu mente y a mi, que me resulta difícil conocer mi corazón cuando no estoy cerca de ti, me cuesta adivinar el rumbo a seguir si ninguno me lleva a tu lado.

Me sumerjo en la falacia de la ilusión que dibuja mis fantasías más reservadas. Y sonrío ante la mentira de un mundo donde tú y yo escribimos la misma historia con nuestra piel. Pero cuando amanece, todo lo que sabías de mi se pierde profundamente porque los sueños son alimento efímero para esta necesidad inconsciente y constante.

Y lo único que me llega de ti es el insulto de la impasibilidad. Me observas con esos ojos que ya no me desean y te odio por eso. Y aún así, mi mente se nubla y desaparecen todas las peleas a las que nos lleva mi destierro en tu lista de amores olvidados.

He buscado en la memoria persistente de los recuerdos el alma de este viejo relato que escribo con lágrimas. Pero las palabras no son suficientes para contar esta historia para la que no encuentro el punto y final…

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