Chasing my dragon

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Al principio, mientras te meces suavemente, resulta excitante no saber cual será el destino al que te conduce la corriente por la que te dejas llevar.
Hasta que llega la transformación. Que la corriente no te llevaba, te arrastraba y el agua ya no puede ocultar su naturaleza salvaje. Para entonces es tan tarde que lo único que te flanquean son tu sombra y una duda.
Y sin darte cuenta, sólo dejándote arrastrar, llegas al mar. Tan grande, tan claro en la superficie y tan oscuro en sus profundidades…
Levantas la vista al cielo buscando un punto de referencia y lo encuentras. Son todas esas nubes negras que se arremolinan en la lejanía.

Tu propia tempestad.

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Neverending story

No lo puedes ver. Ni siquiera lo intuyes. Pero no sabes lo cerca que estoy de darme a la fuga.

De cerrar las páginas de una historia a la que ya no encuentro el modo más decente de darle un punto y final.

Confieso, tengo miedo de que este relato se convierta en una de esas sagas interminables que de tanto estirarse en el tiempo acaban por perder su significado.

Pero lo que más temo es que el desenlace sea uno de esos cuyo amargo final te deja una gran sensación de vacío. O de que haya un “y comieron perdices” para ti, pero no para mi.

Tengo que dejar de reescribir la misma historia una y otra vez. Esa que, en mi interior, siempre supe que nunca debí haber escrito.

Ha llegado ese momento en el que me he dado cuenta de que no puedo sentarme frente a mi propio cuento y convertirme en el personaje secundario.

No lo puedes ver. Ni siquiera lo intuyes. Pero no sabes lo cerca que estoy de abandonar este libro…

Solicito permiso para aterrizar

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“De repente, me he visto aterrizando forzosamente en un planeta pardo que se suspende en el universo blanco de lo secreto. Por momentos, me parece estar contemplando el paraje más frío al que haya llegado a pesar de la visión cálida que ofrece pues es un desierto oscuro de dunas insondables.

Sin embargo, a medida que profundizo más y más en lo desconocido, empiezo a sentir como se eleva la temperatura a mi alrededor. Huyo del recuerdo de la noche que sólo me hace sentir indefensa en un lugar tan infinito. Pero no parece que exista otra salida que no sea la de caminar mirando hacia adelante. El delirio me empuja de tal forma que creo que he llegado al mismo corazón del cosmos.

El magnetismo de su centro me arrastra hipnóticamente a lo más profundo de un inmenso agujero negro que se dilata con brillantez frente a mi. Alrededor todo es cristalino y yo siento que he encontrado mi oasis en el desierto”

– ¿Hay alguien ahí? ¡Tierra llamando para que bajes! te has quedado mirándome distraídamente mientras te hablaba.

– Lo siento, creo que estaba en otro mundo.

Son sus ojos el mundo que sueño…