La chica que se “encontró” – despidiendo LOST GIRL

Hace unos días vi el capítulo final de una de las series que, probablemente, más haya marcado mi vida, Lost Girl. No por nada, esta serie se coló en mi top 3 desbancando a toda una “Buffy, la cazavampiros”. Pero es que Lost Girl, es una serie valiente, diferente, donde las mujeres tienen un gran poder, donde no hay etiquetas y que a pesar de no ser una superproducción, compensa sus carencias técnicas con el acierto a la hora de tratar temas con los que todos nos sentimos identificados, como el amor, la amistad o la familia. Pero antes de analizar este capítulo final, quisiera hacer un resumen del mismo.

El episodio abre con Kenzi, Lauren, Mark y Dyson rodeados por las llamas en casa de Bo, quien aparentemente, había decidido hacer a sus amigos a la parrilla para ganarse la simpatía de su malísimo padre, Hades. A tan sólo unos pocos segundos del capítulo, estaba sufriendo pensando que la súcubo se había pasado al bando oscuro, pues el grupo parece no encontrar salida en ese infierno, pero Kenzi y Lauren se percatan de que la herradura para controlar al Pyrippus sigue en la casa, la cual ya sirvió para controlar el fuego antes. Por si fuera poco, de repente aparece Popeye Bruce abriendo un boquete en la casa para ayudar al team succubus.

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Fuera de la casa, Bruce explica que Bo le mandó un mensaje para que fuera allí. Pero lejos de pensar que la súcubo esconde algún plan maestro detrás del intento de achicarramiento de sus amigos, Mark duda de las intenciones de nuestra protagonista. Kenzi saca las uñas por su mejor amiga y defiende la idea de que Bo lo hizo por alguna buena razón y, por suerte, Lauren y Dyson, que llevan más tiempo en el team succubus que el novato de Mark, se suman a su opinión. Por el momento, acuerdan no hacer mucho ruido para no estropear cualquiera que sea el plan de la súcubo.

Mientras tanto, Bo le hace saber a Hades que no está por la labor de tener hermanos y que quiere a Tamsin muerta. No sólo eso, sino que ella misma se quiere encargar del trabajo sucio, por lo que va a hacerle una visita a la valquiria enjaulada, que trata de llegar a su corazón, pero Bo se muestra impertérrita y finalmente le da el beso de la muerte. A este punto mi fe en ella volvió a tambalearse, pero si Kenzi, su corazón, no duda de ella, yo tampoco.

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En algún otro punto, el grupo encuentra el modo de pasar desapercibido en la que sea probablemente la caravana más llamativa de toda la maldita ciudad, la de Vex. Esta caravana-mercadillo ambulante por un momento me trajo a la memoria el último episodio de “Buffy, la cazavampiros” y la huida de Sunnydale.

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Volviendo a Hades y Bo, el primero hace saber a la súcubo que sabe que no ha matado a Tamsin. Pero como tiene más años de experiencia y es más malo que el hambre ha esperado hasta el momento en el que su hija ya no puede escapar de la trampa. La atrapa con los zapatos del infierno, que se convierten en unas botas metálicas que dejan a Bo literalmente pegada al suelo y Hades aprovecha que no puede menearse para hacerle un lavado de cerebro recordándole sus miserias: la muerte de Hale, Trick, Rainer (¿en serio? ¿pero este tío le llegó a importar a Bo?) y la de Aife, el abandono de Kenzi al marcharse a España, sus rupturas con Dyson y Lauren, incluso que la doctora se marchitará algún día y morirá. Todo esto es demasiado para nuestra muy emocional súcubo que rompe a llorar y sucumbe al dolor. La reina oscura ya está en marcha. Bo pone los ojos en blanco, digo, azul, y empieza a sucubearse hasta la última rata de alcantarilla. No sobreviven ni las cucarachas.

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Nuevamente en la caravana, Lauren está fabricando un arma de destrucción masiva. Bueno, no, sólo son unas inyecciones, pero la voluntad es lo que cuenta. Dyson para matar el tiempo decide hablar con la doctora del tema que más los une, Bo. El lobo anima a Lauren a no perder a Bo por sus temores, y Lauren a su vez, le hace saber que está tranquila porque sabe que cuando ella falte, Bo siempre podrá contar con él. Aquí mi corazoncito dio un salto de alegría, primero por la bonita amistad que llegan a entablar estos dos personajes, y segundo porque todo olía a Doccubus.

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Pero el momento mono se ve interrumpido cuando el equipo es consciente de que hay chi flotando en el ambiente y que, por desgracia, Bo debe estar alimentándose de la ciudad entera. Pero por suerte, la herradura también parece protegerles de la propia súcubo. Mientras tanto, Tamsin, que no estaba muerta, estaba de parranda, se despierta y saca una llave de su boca. Bo, a parte de dar unos besos muy buenos, los da con sorpresa. Así, nuestra valquiria, abre las puertas de su jaula.

La moral del equipo se viene abajo cuando descubren que Bo ha comido hasta empacharse. Y después ha repetido, con alevosía. Pero Kenzi, fiel a su amiga, sigue defendiéndola a capa y espada enfadándose con los demás miembros del grupo, que aunque flaquean en su confianza hacia la súcubo, deciden seguir adelante para recuperarla.

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Si la moral de nuestros personajes está por los suelos, la de Hades está escalando hasta el peldaño más alto. Al menos hasta que se da cuenta de que algo no anda bien, pues el flujo de chi de Bo no ha completado el mural del Pyrippus. Bo, que ya está sumida en la oscuridad, confiesa que sus aliados siguen con vida y su padre le pide que lo remedie. Hades, para no estar ocioso, decide ir levantando algunos efectivos de su próximo ejército.

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Y como no, los miembros del equipo son los únicos en la ciudad para verlos venir. Pero una vez más, la herradura les protege contra los disparos de un grupo de policías que habían resucitado delante de las narices del grupo. Kenzi hasta piensa en casarse con la herradura, y no es para menos. Yo me la colgaba al cuello y ya no me la sacaban ni con aceite hirviendo. La parte positiva es que el grupo consigue refugiarse en la caravana, pero quedan un tanto atrapados. Por suerte Tamsin aparece muy, muy cabreada después de haber estado enjaulada y devuelve a los policías al suelo del que se habían levantado poco tiempo antes. La valquiria se encarga de contarle al grupo que Bo le pasó la llave para poder escapar y sentimos que la fe en la súcubo se restaura un poquito.

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Pero justo en ese momento, Bo, que encontrando personas es mejor y más rápida que Paco Lobatón, cae sobre el techo de la caravana. Kenzi sube para hablar con la súcubo e intentar llegarle al corazón, pero Bo sólo le sigue la corriente para quitarle la herradura, romperla y hacer volar a su mejor amiga por los aires. Acto seguido, empieza a sucubearlos a todos. A este punto, la boca me llega al suelo y tengo ganas de zurrar a Bo con los restos de la herradura. Pero algo pasa porque nuestra súcubo empieza a tener unas visiones de algunos momentos que pasó junto a sus amigos y sale del trance justo a tiempo. El amor por todos ellos la ha devuelto al buen camino.

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Con Bo de vuelta al mundo de la buena gente, ésta les habla de su temor a no ser capaz de controlar al Pyrippus, pero Tamsin le suelta un acertado discurso acerca del bien y el mal que hay en todos nosotros y de cómo hay que saber encontrar el equilibrio. Lauren refuerza esto al recordarle a Bo que cuando se conocieron, jamás pensó que llegaría a controlar su poder, y la súcubo empieza a convencerse de que puede coger el toro por los cuernos y no dejarse manipular por su padre.

En ese momento, los Ancianos fae, controlados por el poder de Hades, aparecen frente a la caravana. A Tamsin se le ocurre que es un buen momento para romper aguas. Pero Bo se pone manos a la obra mandando a Vex, Mark y Dyson a luchar contra los ancianos y a Lauren y a Kenzi supervisar el parto de la valquiria. Ella se encomienda el marrón más gordo, pues decide enfrentar a su padre.

Mientras Tamsin lucha por dar a luz, Bo se enfrenta a su padre en una batalla épica como pocas. Vale, no. Se echan un pulso a ver quien es más fuerte y al final resulta que a Bo, la sangre de Trick le da un extra y derrota a su malvadísimo padre, mandándolo de vuelta al infierno y dejando claro que ella va a vivir la vida que ha elegido, no la que él tenía en mente.

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Tras un momento para recuperar energía, Bo empieza a devolver el chi a todas las personas sucubeadas y restaura el daño que había hecho devolviendo a la vida a todos.

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Mientras Bo ando compartiendo aliento con toda la ciudad, Mark y Vex intercambian palabras en una escena inesperada y extraña. El mesmer le pregunta si ya escogió bando, y Mark le dice que no lo hará, pero que tomó una decisión y le ofrece su mano para que Vex la tome.

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Más dramático es lo que se está viviendo en el interior de la caravana. Tamsin ya ha dado a luz, pero su vida se extingue. Bo se resiste a perder a la valquiria, pero ésta está preparada para irse, pues su legado quedará a través de su hija y pide a la súcubo que cuide del bebé, a quien da el nombre de Dagny. Tamsin muere y se eleva como valquiria hasta el cielo en una escena muy emotiva que culmina con una pluma sobre el pecho de su hija. Y yo sin kleenex.

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Pasado el peligro, vemos a Bo despidiéndose de su recién nacida pero ya un poco crecida hermana valquiria a quien deja en manos de Kenzi, quien se encargará de cuidarla. Nuestras chicas se despiden para una larga temporada, pero es necesario para proteger al bebé. Y yo sigo sin kleenex.

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Tras ver marchar a Kenzi, Bo se acerca hasta Lauren que está subida en el capó del coche de la súcubo. Bo se pone filosófica y habla de la incertidumbre del futuro, pero la doctora sí tiene clara una cosa del futuro, y en lo que parece la declaración de unos votos nupciales, Lauren le dice: “Yo, la humana, Lauren Lewis, quiero pasar el resto de mi vida contigo, súcubo, Bo Dennis”. Bo, que no se da cuenta de que está asistiendo a su propia boda, duda un poco dado que no puede dejar a un lado el hecho de que Lauren la dejó dos veces, pero la doctora le dice que no volverá a cometer ese error, y tras preguntarle si cree que pueden llevarlo adelante, ¡Bo por fin le dice que sí y nuestras chicas se casan sobre el capó de un coche con beso y todo! ¡Y yo sigo sin los malditos kleenex!

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Después de este momento Doccubus, vemos como ha pasado el tiempo y una chica rubia se está dando el lote con otra en un coche. Un policía aparece para interrumpirlas, el mismísimo Mark, quien la lleva al Dal. Allí, Dyson, detrás de su barra, recibe a una Dagny ya adolescente y le hace firmar el libro de los Faes, al tiempo que Lauren le clava una inyección. Ella sabe como caer bien a la gente de entrada.

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Dagny no se sorprende mucho ante todo esto, pues Kenzi ha debido de hacerle spoilers sobre su familia, al fin y al cabo Bo no quería que creciera como una chica perdida. Y hablando de la súcubo, ésta hace su aparición y deja embelesada a su hermanita pequeña (Lost Girl, no, que nos conocemos y ya ha habido demasiados líos entre familiares, NO). Entonces la marca de Hades hace de las suyas y Bo le advierte del peligro que se acerca. Dagny, que aún está verde como una fruta sin madurar (o como su chaqueta), pregunta qué pueden hacer, y Bo, confiada y segura de sí misma, le dice que estarán preparados. Así, sin cerrarse del todo, se completa el círculo de Lost Girl y termina la serie.

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Entrando a valorar el final, en líneas generales, diré que me ha parecido un buen final, a la altura de la serie. Es más, me atrevo a decir que tras el descalabro de la cuarta temporada, que parece una temporada hecha sin criterio alguno, la quinta nos devolvió parte de la ilusión que nos robó esa desacertada temporada anterior. Es cierto que los guionistas se enredaron demasiado con las diferentes mitologías, y que la quinta rompió nuestros esquemas dejando a un lado la mitología nórdica para dar peso a la griega, en lo que parece ser un exceso de creatividad, pero se le perdona porque es Lost Girl, y creo que todos los que hemos seguido la serie nos acostumbramos a que la serie se salía de lo normal y que tenía momentos “What the hell!” o “¿Qué os fumáis los guionistas?” constantemente. Pero yo considero que esto era parte de su encanto.

Como no podía ser menos, este final también tuvo de esos momentos, pero si no los hubiera tenido, creo que los hubiera echado de menos, por lo que el capítulo final me gustó hasta con sus cosas extrañas, como que Vex pudiera hablar después de que le rajaran la garganta. Prefiero pensar que un mesmer se cura a la velocidad de la luz. Al final, estos pequeños fallos no empañan los mensajes optimistas que este episodio nos ha dejado, como tener fe en las personas a las que queremos, ser capaces de elegir nuestro propio destino y luchar por el amor a pesar de las dificultades.

Adoré más que nunca a Kenzi en este capítulo, no sólo por su fe inquebrantable en Bo, demostrando lo que es una amistad en mayúsculas, sino porque en los momentos más dramáticos, Kenzi siempre fue un rayo de luz con su humor. Es increíble como en la escena en la que Tamsin sufre dando a luz, este personaje consigue que la tensión se reduzca al mínimo haciendo incluso de la situación algo divertido.

Pero Lost Girl sabe de momentos. Por eso, y por el drama que iba a suponer la muerte de Tamsin, fue especial que Kenzi hiciera del momento del parto algo un poco menos dramático. Tamsin fue un personaje que apareció en la tercera temporada, pero que parecía llevar en la serie desde la primera. La muerte de la valquiria es un momento muy triste, pero también muy emotivo, pues incluso en su desgracia hay un final feliz. La valquiria vivía ya su última vida, pero ese bebé que deja en el mundo hará que siga con el resto del grupo por mucho más tiempo.

Por otro lado, adoré también la relación de amistad que con el tiempo forjaron Dyson y Lauren y que en este episodio se refleja bien al demostrarse el uno al otro la buena consideración que se tienen. Siempre pensé que el triángulo formado por Dyson-Bo-Lauren tendría un final abierto futuro, y no me equivoqué, porque es lo que se deduce de la conversación que mantienen, pero tras haber seguido la serie desde la primera temporada, considero que era la opción más lógica. Mientras Lauren existiera, Bo la elegiría siempre antes que al lobo, pero es innegable que para Bo, Dyson siempre estará ahí. Y me gusta la manera en que el lobo acepta esa realidad animando a Lauren a luchar por Bo.

Que los guionistas hayan dado un final feliz a Bo y a Lauren es lo mejor que le podía pasar a la serie en el aspecto romántico. Desde el primer momento, apostar por el Doccubus era apostar por el caballo perdedor, pero también era hacerlo por el amor verdadero, por ese por el que hay que luchar, pero que vale la pena. Dyson y Bo formaban la pareja lógica y cómoda, ambos faes, una relación que no tendría que atravesar tantos problemas. Pero apostaron por hacer posible el amor entre una humana y una súcubo. Lauren y Bo pasan por mucho a lo largo de cinco temporadas, y aunque seguirán enfrentando los mismos problemas, deciden hacerlo juntas. El mensaje que lanzan con esto es muy fuerte, pues mientras haya voluntad y amor, siempre hay esperanza de que hasta lo imposible salga adelante.

En cuanto a la trama de Dagny, me pareció otro gran acierto que su historia fuera la historia de Bo, pues la serie termina así como empezó, pero esta vez como debería haber sido, no con una chica perdida, sino con alguien que tiene una familia para guiarla y protegerla, con la súcubo a la cabeza de esa familia.

De Bo, que puedo decir… es un personaje que me enamoró desde el minuto uno. Quizás porque es fácil identificarse con un personaje que se siente perdido y a la deriva, sin necesidad de que haya motivos sobrenaturales de fondo. Creo que en el día a día, las personas tendemos a sentirnos muchas veces como un barco sin timón. Y cuando Bo hace su primera aparición, es un barco apunto de estrellarse. Creo que lo que Lost Girl nos enseña a través de este personaje, es que con lo bueno y con lo malo, debemos aceptarnos tal y como somos y creer en nosotros mismos. No tenemos que ser perfectos, ni los mejores, pero si ser capaces de crear nuestro propio destino, de ser los capitanes de nuestro barco, por eso, a pesar de que la batalla contra Hades me pareció demasiado absurda, el hecho de que Bo decida escoger ese momento para decir que va a vivir la vida que ha elegido, hace que aplauda el momento, pues es en los momentos difíciles cuando hay que ser valientes para tomar esa clase de decisión.

Por este buen sabor de boca que has dejado con este final, por los momentos buenos y malos que me has hecho pasar, por las personas que has traído a mi vida y por las personas a las que me has unido aún más, ¡gracias Lost Girl!

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Lost Girl

Lost Girl es una serie sobre seres sobrenaturales denominados Faes, entre los que sobresale una, nuestra protagonista: Ysabeau Dennis.

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Anna Silk tiene la llave de la eterna juventud

Bo, como todo el mundo la llama, es una súcubo muy poderosa que aún está en proceso de comprender su propia naturaleza. En este camino conocerá a varios personajes que le harán saber que su poder es especial, pues es capaz de absorber la energía vital de las personas.

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Bueno, todos los superhéroes tienen algún punto débil…

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Tampoco lleva muy bien que le metan un polo frío por la oreja.

Bo es una fae que todo lo desconoce sobre el mundo del que proviene, pero una cosa tiene clara: no quiere hacer daño a nadie. Nuestra protagonista vive atormentada por su poder sucúbico, pues cada vez que se acuesta con alguien, se levanta con un cadáver. Por esto, procura mantener las distancias con el mundo que la rodea. Hasta que aparece Kenzi en su vida, una humana hiperactiva, amiga de lo ajeno y con una gran capacidad para ingerir alcohol a la que salva de ser violada y/o asesinada.

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Bo absorbe la energía vital, el “chi”, del hombre que había drogado a Kenzi, quien consigue hacer una fotografía con su móvil en el momento en el que nuestra súcubo deja que sus poderes actúen dejando al tipo más tieso que el codo de un playmobil.

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Algunos llevan una dieta rica en fibra o proteínas. La de Bo es especial.

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Como es natural, Kenzi alucina, pero decide quedarse con la súcubo, porque no tiene donde dejarse caer y porque es su manera de agradecerle que le haya salvado la vida. Bo no se muestra muy convencida en un principio, pero lo cierto es que la joven rusa se convertirá en una de las piezas fundamentales de la vida de nuestra protagonista, además de ser el tequila, la sal y el limón de esta serie.

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Pero Kenzi no será la única en entrar en la vida de Bo, que al no esconder la prueba del delito, empieza a ser rastreada por dos policías, Dyson y Hale. Estos dos personajes son faes conscientes de su naturaleza y ellos ayudarán a la súcubo a dar los primeros pasos en el complejo mundo de criaturas sobrenaturales con las que conviven los humanos sin saberlo. Pronto se hará evidente la química entre Bo y Dyson, un cambiaformas u hombre-lobo.

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Pero nos falta otra pieza importante en este puzzle. La doctora Lauren Lewis, una humana que trabaja para faes y que conoce la existencia de los mismos. La científica explica a Bo, tras varias pruebas, que es una súcubo y que los faes están divididos en dos bandos. Luces y sombras. A la súcubo, que poco le interesa la antigua división de clanes, se dedica a ejercer su influencia sobre la doctora y hete aquí como se inicia un triángulo amoroso.

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A nuestra súcubo, que acaba de aterrizar en todo este mundo sobrenatural lleno de otros seres tan únicos como ella, no le apetece nada escoger bando, pero como a nadie parece importarle su opinión en este asunto, el Ash, líder de los faes de la luz, y la Morrigan, líder de los faes de la sombra, se ponen de acuerdo para hacer pasar una prueba a Bo.

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Más o menos la cara que se te queda al saber que a nadie le interesa tu opinión.

Mientras Kenzi busca el modo de ayudar a su nueva y poderosa amiga, Dyson lleva a Bo a pasar la prueba, que consiste en enfrentarse a unos subfaes, básicamente inadaptados que lo único a lo que han dedicado su vida es a aumentar su poder. La súcubo, como novata que es, tiene todas las de perder, pero el lobo, muy altruistamente se ofrece a ser su aperitivo para que nuestra protagonista no luche con el estómago vacío y tenga alguna posibilidad más. Bo se resiste por temor a hacerle daño, pero el policía insiste y así es como la súcubo descubre que su euforia sexual no afecta a los fae del mismo modo que a los humanos.

Con el estómago satisfecho, Bo se enfrenta a la prueba, derrotando con asombrosa facilidad al primer subfae, pero pasándolas un poco más canutas con el segundo, pues éste juega con su mente al punto de hacer sentir tan culpable a la súcubo por sus errores que la misma está dispuesta a beberse un mejunje que le haga olvidar todo. Por suerte, Kenzi encuentra a tiempo a Bo y le ayuda a salir del trance. La súcubo derrota al segundo fae y desafiando todo lo establecido hasta entonces en el mundo de los faes, decide no alinearse con ningún bando y escoger a los humanos, reclamando de paso a Kenzi.

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Y a partir de este momento, Lost Girl comienza a ampliar su historia, y a llenarse de carismáticos personajes, como un fae llamado Trick, dueño del “Dal Riata”, la taberna en la que tanto faes de la luz como de las sombras pueden refugiarse y donde reina el buen rollo, o Tamsin, una valquiria de armas tomar que al principio nos saca a todos un poco de nuestras casillas con su actitud, pero que acaba ganándose un hueco en nuestros corazones. Todo esto aderezado con un poco de mitología nórdica por aquí y otro poquito de mitología griega por allá que hacen de la serie algo original y diferente, y donde sin duda lo más loable es el modo en que consiguen que las etiquetas y la sexualidad de sus personajes se conviertan en algo secundario a pesar de que la protagonista es una súcubo que se alimenta a través del sexo, dando peso a los temas que realmente importan, como la amistad, el amor, la familia y el ser capaz de aceptarse y creer en uno mismo.

La Bella y La Bestia

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Esperaba con mucha ilusión el día en que por fin estuviera sentada en el Auditorio del Kursaal en Donostia esperando a que el telón se levantara y me viera transportada a otro mundo, a otra época, aquella en la que todo lo que sucedía a mi alrededor era magia, ensueño e inocencia.

Cuando se va tomando conciencia de lo mucho que dejamos atrás a medida que los años van pasando, a veces se extraña poder volver a ser pequeños por un día para no tener que vivir preocupados por los problemas que tenemos que afrontar cada día. Por desgracia hay pocas cosas que nos permitan volver a conectar con nuestro/a niño/a interior.

Ante esto, el musical de La Bella y La Bestia llega como una solución mágica para transportarnos de nuevo a ese momento de nuestra infancia durante cerca de 3 horas que vuelan entre canciones y bailes. Es un espectáculo que merece muchísimo la pena y que vale para cualquier público, sea infantil o adulto. Se notan las horas de trabajo y el enorme esfuerzo de producción que hay detrás. Os prometo que desde que empezó el musical hasta mucho después de que acabara, nada pudo borrarme la sonrisa de la cara.

Todo el día de ayer hasta que las luces se apagaron y empezaron a sonar las primeras notas, fue como volver a experimentar la noche antes de la llegada de los Reyes Magos igual que cuando era pequeña. La espera desde que me desperté hasta que la magia empezó en el escenario fue un cúmulo de euforia, nervios y expectación. No sabía hasta que punto por mi cuerpo fluía la sangre o volaban las mariposas.

No había miedo a que las expectativas fueran tan altas que al final, el musical fuera a resultarme menos espectacular de lo que yo pudiera haberme imaginado. Ni tampoco temor ante el que fuera mi primer musical y como podría mi gusto por las artes encajar una actuación de este tipo. Lo único por lo que había ganas era por disfrutar, dejarme llevar y envolverme de cada segundo.

Y si había alguna ínfima duda intentando sonar más fuerte que mi ilusión dentro de mi, en cuanto las luces se apagaron, el auditorio quedó en silencio y la luz y el sonido irrumpieron en la sala todo se disipó. La emoción ya me había tocado. Comenzaba la historia de La Bella y La Bestia.

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El prólogo que abre esta obra se resume en una voz en off que nos empieza a introducir en un mundo de príncipes, hechiceras, castillos y maldiciones. Un príncipe vanidoso castigado, una rosa y un espejo. Esos son los elementos que empiezan a dibujar esta historia.

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Ya desde la primera escena se muestra el gran trabajo de escenografía de esta obra cuando Bella arranca con una canción que sin duda es de las más representativas tanto de la película, como del propio musical. Y aunque lo que debería sobresalir en esta escena es la actriz protagonista, mi gran sorpresa fue Daniel Diges interpretando a Gastón que, sin duda, se convirtió en mi personaje favorito del musical por la gran actuación del cantante. Una actuación tan buena y una caracterización tan auténtica que me parecía imposible que fuera él, a tal punto, que fueron varias veces las que dudé de que realmente estuviera viendo al intérprete de “Algo pequeñito” haciendo del malo de La Bella y La Bestia. Y por esto precisamente, es que tanto me gustó ya que consigue encarnar perfectamente al fortachón presumido y primitivo de Gastón y además, mejorarlo significativamente.

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Junto a él, destacaba su compañero de fechorías (o más bien su particular saco de boxeo) Lefou, interpretado por Raúl Peña que realmente hace una actuación impresionante de este personajillo. Entre los dos le dan mucha vida al musical ya que forman un gran duo. En mi opinión, mucho más compenetrados que la otra gran pareja de este musical: Din Don y Lumiere.

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Talía del Val, la actriz que interpreta a Bella necesitó de varias escenas para imponerse como protagonista. Para mi esto es así porque para mi gusto, el acento que adopta para interpretar a Bella es demasiado infantil cuando debería ser más bien dulce, algo que, además, contrasta demasiado con una voz más madura a la hora de cantar. Esa mezcla, de entrada, resulta cuanto menos un tanto extraña. Sin embargo, hay que reconocer que a través de esa versatilidad la actriz imprime su personalidad en el personaje y le da un toque más personal. Por otro lado, físicamente me ha parecido todo un acierto ya que encaja bastante en lo que mi cabeza siempre había imaginado si Bella fuera una persona real. En cuanto a su vestuario, me hubiera gustado que fueran más fieles al original ya que tantos adornos contribuyen a infantilizar aún más a Bella y tengamos en cuenta que ésta, a pesar de ser joven, se caracteriza por su madurez y su inquietud intelectual. Es el rasgo definitorio que separa a Bella de la simplicidad del resto de los aldeanos. Brilló especialmente al cantar “Un hogar” y “Un cambio en mi”.

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A medida que nos adentramos en la historia, hay dos personajes sobre los que recae todo el protagonismo de la obra. Ellos son Din Don y Lumiere, siendo este último la estrella del duo. Algo que me sorprendió del musical son los numerosos toques de comicidad que han introducido y lo cierto es que la mayoría vienen de la mano del entrañable candelabro. Tanto han estirado las bromas que han acabado cayendo en algunas del tipo sexual, cosa que me sorprendió bastante teniendo en cuenta que aunque no mayoritario, una parte del público estaba compuesto por menores. Pero resulta tan sutil e infantil que tampoco se puede reprochar nada, al fin y al cabo, el musical también pretende conectar con el público adulto.

El resto de la servidumbre del castillo estuvo bien interpretada. Para mi merece una mención especial Eva Diago interpretando a Madame de la Grande Bouche (seguro que a todos os suena más si os digo que es el armario ropero que le proporciona a Bella su vestuario en la película). Sus actuaciones son pocas, pero todas son memorables en el sentido de que cada una de ellas te arranca una carcajada, incluso en esa en la que se lanza a la interpretación de una aria donde hace uso de un tremendo vozarrón.

Sin embargo, el más destacado para el público fue el niño que interpretó a Chip. No sólo porque lo hiciera un pequeño donostiarra, sino porque era toda una dulzura. No paró de ganarse los aplausos de todo el mundo. Servidora no es muy niñera, pero reconozco que el pequeñajo me pareció de lo más adorable.

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A nivel general, la escena más impresionante del primer acto fue llevada a acabo por toda esa servidumbre con la canción “Qué festín” que es el plato fuerte del musical, un auténtico espectáculo de música, baile, luces y colores. Los efectos son escasos, pero realmente los suficientes para subir a lo más alto esta escena. Yo me sigo preguntando como un hombre disfrazado de felpudo puede dar saltos, volteretas y hacer otras tantas cabriolas sin errar en ningún paso. O sin comerse el suelo.

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En cuanto al otro gran protagonista de esta historia, la Bestia, tengo que decir que fue de menos a más a lo largo del musical. Inicialmente, fue el personaje que menos me convenció ya que imaginaba una bestia más grotesca en su modo de hablar y proceder, pero la forma de mostrar la bestialidad de este personaje pasaba por un tono de voz que no parecía el de un monstruo. Creo que le falta cierta intensidad además de agresividad en ciertas partes del diálogo donde son necesarias. Sin embargo, como ya he comentado, la interpretación fue mejorando hasta llegar a la última escena del primer acto donde Ignasi Vidal lo cierra de una forma culminante demostrando su verdadero potencial al cantar una canción que se compuso especialmente para el musical, “Si no puedo amarla”.

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A partir del segundo acto el musical pasó volando delante de mis ojos. En un abrir y cerrar de estos, Bella bajaba las escaleras con un vistoso vestido amarillo y así, ya estábamos ante la escena más famosa de la película. El gran baile de Bella y Bestia. Y la verdad es que lo mejor fue la interpretación de “La Bella y La Bestia” de la Sra. Potts, su voz brilló por encima de la propia escena. Bella y Bestia pusieron la ilusión con su baile y ella añadió la magia al momento con una muy buena interpretación de una canción sobre la que sí tenía las expectativas muy altas. Mone cumplió con creces.

Nos acercábamos al final del espectáculo y yo estaba intrigada por cómo convertirían a la Bestia en hombre. Pero antes de eso pasé un agradable rato con la escena en la que hombres y muebles se enzarzan en la batalla por el castillo. Muy bien llevada, igual de divertida que en la película y una vez más, con la aparición estelar de Madame de la Grande Bouche vestida como una vikinga para presentar batalla. Fan desde ese momento.

A la lucha entre Gastón y Bestia si que creo que podrían haberle sacado algo más de partido ya que precipitan demasiado la acción. A una escena de ese calibre eso le resta dramatismo. Pero en general esto tiene que ver con que si nos ponemos a comparar película y musical,  no me pasa por alto que para mi “La Bella y La Bestia” siempre ha sido la película de atmósfera oscura por excelencia de Disney. Pero el musical está pensado para brillar y para seducir incluso en las escenas más trágicas. El punto a favor de este final es que me sorprendieron gratamente en la transformación de la Bestia. Sin demasiado adorno ni la necesidad de hacer un gran despliegue de ingenio, la Bestia se convirtió en hombre.

El espectáculo cerraba con el gran baile final. Y entre los aplausos, calaba hondo un mensaje muy claro: Todas las rosas tienen espinas, pero eso no hace que sean menos hermosas.

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Chasing my dragon

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Al principio, mientras te meces suavemente, resulta excitante no saber cual será el destino al que te conduce la corriente por la que te dejas llevar.
Hasta que llega la transformación. Que la corriente no te llevaba, te arrastraba y el agua ya no puede ocultar su naturaleza salvaje. Para entonces es tan tarde que lo único que te flanquean son tu sombra y una duda.
Y sin darte cuenta, sólo dejándote arrastrar, llegas al mar. Tan grande, tan claro en la superficie y tan oscuro en sus profundidades…
Levantas la vista al cielo buscando un punto de referencia y lo encuentras. Son todas esas nubes negras que se arremolinan en la lejanía.

Tu propia tempestad.

Neverending story

No lo puedes ver. Ni siquiera lo intuyes. Pero no sabes lo cerca que estoy de darme a la fuga.

De cerrar las páginas de una historia a la que ya no encuentro el modo más decente de darle un punto y final.

Confieso, tengo miedo de que este relato se convierta en una de esas sagas interminables que de tanto estirarse en el tiempo acaban por perder su significado.

Pero lo que más temo es que el desenlace sea uno de esos cuyo amargo final te deja una gran sensación de vacío. O de que haya un “y comieron perdices” para ti, pero no para mi.

Tengo que dejar de reescribir la misma historia una y otra vez. Esa que, en mi interior, siempre supe que nunca debí haber escrito.

Ha llegado ese momento en el que me he dado cuenta de que no puedo sentarme frente a mi propio cuento y convertirme en el personaje secundario.

No lo puedes ver. Ni siquiera lo intuyes. Pero no sabes lo cerca que estoy de abandonar este libro…

Solicito permiso para aterrizar

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“De repente, me he visto aterrizando forzosamente en un planeta pardo que se suspende en el universo blanco de lo secreto. Por momentos, me parece estar contemplando el paraje más frío al que haya llegado a pesar de la visión cálida que ofrece pues es un desierto oscuro de dunas insondables.

Sin embargo, a medida que profundizo más y más en lo desconocido, empiezo a sentir como se eleva la temperatura a mi alrededor. Huyo del recuerdo de la noche que sólo me hace sentir indefensa en un lugar tan infinito. Pero no parece que exista otra salida que no sea la de caminar mirando hacia adelante. El delirio me empuja de tal forma que creo que he llegado al mismo corazón del cosmos.

El magnetismo de su centro me arrastra hipnóticamente a lo más profundo de un inmenso agujero negro que se dilata con brillantez frente a mi. Alrededor todo es cristalino y yo siento que he encontrado mi oasis en el desierto”

– ¿Hay alguien ahí? ¡Tierra llamando para que bajes! te has quedado mirándome distraídamente mientras te hablaba.

– Lo siento, creo que estaba en otro mundo.

Son sus ojos el mundo que sueño…

La fábula del ratón y el perro.

El escenario improvisado de madera astillada le roza las piernas y la posición encorvada no es la ideal para dibujar. Ojalá estuviera sentada sobre una silla y apoyada sobre una mesa cómoda. Pero esas son las condiciones. Todos dibujan sobre el mismo material y a ninguno le importa. Traza líneas y colorea sin preocuparse de lo que sucede a su alrededor, a pesar de que, cada vez que levanta la cabeza ve a otros como ella, con sus rotuladores, sus lápices y su ilusión. Reconoce a su alrededor algunos pequeños talentos y eso no le importa porque algo le dice que debe confiar en el suyo primero.

Mickey y Pluto son los elegidos. Les da vida a su manera. Pluto se levanta sobre sus patas traseras emocionado de ver a su amigo que casi le dobla en tamaño. Ella es demasiado pequeña para entender por qué un perro es más pequeño que un ratón. Tampoco importa. Existe el color, la diversión, la sonrisa y una ilusión.

El tiempo se va echando encima. De cerca, vigilan un par de mujeres. Una de ellas mira su dibujo y le guiña un ojo con gesto aprobatorio. Ella sonríe, no porque piense que tiene más posibilidades para ganar, sino porque su sonrisa le dice que su dibujo le gusta y con eso, es feliz.

La tarde es cálida y cada vez quedan menos niños dibujando. A los que aún quedan sobre el tablado, les reparten una merienda. Ella la aleja prudentemente del papel y termina rápidamente con ella para seguir. Apenas quedan ya 3 niños, cuando por fin está terminando y el último de ellos que quedaba junto con ella, pasa como una exhalación dibujo en mano y, sin buscarlo, golpea uno de los vasos de Kas que alguien había dejado cerca de su dibujo.

Se paraliza sin poder hacer nada cuando ve como el líquido se derrama sobre el dibujo que había estado trabajando durante horas. Mira a su alrededor, y solamente queda ella. Está sola con un dibujo estropeado. Los colores se han mezclado y algunos trazos han desaparecido. Llora porque se ha perdido su esfuerzo.

La misma mujer que le había dado su gesto aprobatorio, le habla. La anima a seguir. “Aún puedes arreglarlo, tienes tiempo” dice. La pequeña mira el dibujo deformado y sólo se atreve a decir con la voz cortada “quiero seguir”. Toma el kleenex que le tienden y empieza a secar con cuidado de no destrozar más el dibujo.

Cuando el papel está más o menos seco clava la punta del lápiz sobre la hoja con cuidado y rescata las líneas desaparecidas. Vuelven a tomar forma los personajes a pesar de que el líquido no le permite colorear como antes. Cuando su madre llega a recogerla, la encuentra llorando, pero sin dejar de dibujar hasta que queda más o menos convencida con el resultado. Lo entrega con tristeza sabiendo que lo mejor se ha perdido en el camino.

Días más tarde, en la entrega de premios, los niños van desfilando para recoger sus premios. Cuando empiezan a repartirse los tres primeros, la niña empieza a dudar que vaya a tener alguna recompensa. Piensa en que su dibujo era bonito, pero al final paso a ser todo un “Ecce Homo”. Aún así, la sorpresa llega cuando a la hora de nombrar al ganador del primer premio escucha su nombre. Recoge el trofeo junto a su dibujo. Lo vuelve a mirar y sigue sin poder creerlo. Aún así, todo el mundo a su alrededor la felicita. Deja de ver el dibujo estropeado y lo único que pasa a ver en ese papel es el esfuerzo y en la otra mano, su fruto.

Esta es una historia real que me pasó cuando era muy pequeña. Apenas tengo recuerdos de entonces pero este es un episodio de antaño que se quedó guardado en algún rincón de mi memoria. Y digo guardado, porque a medida que vamos creciendo, parece que olvidamos lo que yo debería haber aprendido de aquel día. Que a pesar de todo, aún existe el color, la diversión, la sonrisa y una ilusión. No el blanco y negro, la formalidad y el pesimismo. Todo depende de la voluntad y el esfuerzo. Hay que seguir adelante aunque la vida se convierta en un borrón. Cuando eso pasa, hay que corregirlo, no porque algo esté en juego, sino porque es la actitud con la que hay que afrontar cada problema. Una niña de 8 años lo sabía y eligió continuar. Yo con 24 años, he tardado 16 años en volver a recordarlo…