Diario de un Khajiita – El despertar de una bestia I

Khajiita

Como no tengo una foto mía, os dejo una de mi primo el día de su comunión.

 

Querido diario:

Creo que la noche se me fue de las garras. Tanto, que por poco no lo cuento hoy. No sé que clase de aguamiel de garrafón me sirvieron en la última taberna o si alguien echó skooma en mi bebida, pero esta mañana me he levantado esposado en un carromato con otros tres tipos a los que no les había visto sus sucias caras en mi vida (que yo recuerde). Hay que ver que poca higiene tienen los nórdicos en Skyrim. Será que no lo entiendo porque soy un gato y me gusta pasar horas y horas acicalándome.

La cuestión es que ahí, maniatado y desorientado, me he enterado de que íbamos directos a que nos cortaran la cabeza. Hasta ahora había probado de todo para que mis muy innumerables resacas a lo largo de mis siete vidas no martillearan mi cabeza. Y aunque nunca pensé en perderla literalmente, sonaba a remedio muy eficaz. Así que como soy un gato optimista, pensé que no había mal que por bien no viniera.

Cuando me hicieron bajar del carromato, un imperial me preguntó por mi nombre y he tardado varios minutos en recordarlo. Empiezo a pensar que esa mierda que me sirvieron no era aguamiel, sino cerveza argoniana. Finalmente he conseguido recordar que me llamo Simba. Sí, lamentable. Mi poca memoria… y el nombre.

He usado mis más hábiles técnicas de seducción gatuna con ese imperial haciéndole ojitos para que me liberase, pero no ha habido manera. Creo que era por los gritos de una imperial que hablaba de un tal Ulfric, Capa de la Tormenta. Se ve que era uno de los que iba en el carromato conmigo. No sé que hicimos anoche, pero la debimos de liar muy parda porque la tipa no paraba de vociferar que tanto él como los rebeldes que le apoyábamos, debíamos pagar por nuestros crímenes. Ahora es cuando resuenan en mi cabeza los sabios maullidos de mi madre que me decían: “Hijo, no te juntes con compañías humanas que la curiosidad mató al gato”.

En medio de estas divagaciones, cuando me he querido dar cuenta, mi cabeza estaba a punto de ser pasada por el hacha del verdugo, pero entonces… ¡por todos los santos gatos! ¡un dragón! ¡ha aparecido un dragón gigantesco! Ni que decir queda que ha decidido hacerse una barbacoa con la aldea, los imperiales y todo lo que ha pillado por allí. Y como yo soy un gato que sabe aprovechar las oportunidades, he huido como si un guepardo me hubiera poseído. Además me he sentido aliviado al ver que mis facultades seductoras no han disminuido ni un ápice cuando el imperial del interrogatorio ha aparecido para ayudarme a salvar el pellejo, ¡si es que nadie escapa a mis encantos!

¿De verdad alguien se me puede resistir con esta cara?

¿De verdad alguien se me puede resistir con esta cara?

De hecho, se ve que el impacto que he causado en él ha sido muy fuerte porque me ha llevado directo a casa de un familiar suyo en Cauce Boscoso, el cual por cierto ha debido de quedar igual de impresionado por mi belleza, pues poco le ha faltado para darme hasta las escrituras de su casa. A pesar de su generosidad, he decidido “tomar prestadas” unas cuantas cosas más de su banco de herrero. Pero como soy un ladrón con un gran corazón, en símbolo de gratitud y como muestra de amistad, le he dejado un ratón muerto sobre la almohada de su camastro. Estoy seguro de que se llevará una grata sorpresa cuando lo encuentre.

Tras despedirme del imperial y el resto de su familia, he dado una vuelta por esta pequeña aldea que no me ha llevado más de dos minutos. Como era de esperar, he acabado metido en la taberna, y hace escasos segundos el tabernero me ha estado hablando sobre un triángulo amoroso en Cauce Boscoso entre una nórdica, un bardo y un elfo. Sé que parece el comienzo de un chiste malo, pero he decidido (en vista de que no hay nada mejor que hacer por aquí) investigar más a fondo esta situación para ver si puedo sacar provecho de ella…

PD: Por hoy, no más aguamiel. Sólo agua para mi.

 

 

 

 

 

 

Lo que todos hemos hecho en Skyrim

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1. Echarnos un compañero de aventuras.

Y lo primero que hemos hecho TODOS (quién diga que no está mintiendo como un bellaco) incluso antes de coger un poco de confianza ha sido robarle todo el oro y las llaves de su casa (para seguir robándole, claro). Esto es así, uno no se echa compañero de viaje en Skyrim para combatir el mal juntos. Nuestros nórdicos se bastan y se sobran sólos, pero si además de desvalijar a tu compañero sin tapujos puedes cargarle como una mula con la confianza de que él no te robará a ti, mejor que mejor.

2. Morir esperando a que tu acompañante se aparte de la puerta/salida.

Entras en tu casa de Carrera Blanca porque te has olvidado de apagar el caldero y cuando regresas hacia la puerta para seguir matando ayudando a todo el que se te pone por delante, ves que tu acompañante te está bloqueando la puerta. Ahí, no apoyado/a en plan casual sobre el marco, no, simplemente en todo el medio plantado/a como un pasmarote mientras te dice un escueto: ¿Hmmm? Aquí descubrimos porque nunca nos roba nada. Porque es tan tonto que si se quedase encerrado en un supermercado se moriría de hambre.

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3. Emplear las más hábiles estrategias conocidas para robar todo a nuestro paso.

¿Quién quiere currárselo y mejorar sus habilidades para robar cuando puede usar cestas? ¡Son gratis y nos hacen ricos!

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¿Quién ha apagado las luces?

Además de esto, puedes dejar a la gente en paños menores, ¿necesitas más razones para empezar a usar las cestas?

4. Ser testigos de sucesos paranormales mientras recorremos la geografía…

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Bueno, esto tan paranormal no es, que cualquier sábado-noche en el monte nos podemos encontrar algo así

5. …o algún pueblo.

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¿Un tocón pa’ qué? Ya tengo aquí un buen cadáver.

6. Tener un caballo con tendencia al suicidio.

Lo de los caballos de Skyrim si que es un suceso paranormal en toda regla. Encima que estos bichos no duran ni medio asalto, ellos son tan bravucones como para meterse en cada fregao en el que se ve envuelto su dueño. Y los que no son sus dueños. Y digo esto porque estaba yo una vez visitando unas cuadras cuando el hombre de la caballeriza me pidió un pequeño combate a puñetazo limpio y como yo nunca digo que no a eso, me puse manos a la obra dispuesta a saltarle los dientes con mi mejor derechazo.

En esto que estaba yo dándole una paliza a ese idiota que había pensado que podía ganar a mi nórdica cuando baja un puñetero dragón a sumarse a la pelea. Dado que no podía parar la pelea con el tipo, pensé que iba a ser barbacoa de dragón. Cual es mi sorpresa cuando uno de los caballos sale del establo y se enfrenta al dragón. Lo mejor de todo es que a pesar de que los de su especie se mueren con que tosas un poco fuerte a su lado, este caballo se cargó al dragón y volvió tan ancho a la cuadra.

Al margen de esto, salvo para recorrer más rápido el mapa de Skyrim, trepar montañas y usarlos como colchonetas cuando nos lanzamos por acantilados, los caballos en Skyrim son totalmente prescindibles ya que su tendencia suicida hace que duren menos que la batería de un smartphone.

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7. Ser el primer nórdico en llegar al espacio.

Esto con la inestimable ayuda de nuestros amigos los trolls. A todos nos ha pasado en nuestros inicios por Skyrim que hemos cometido el error de atrevernos a rondar de cerca a los mamuts de algún troll y claro, la ostia ni la vimos venir. De repente y sin saber por qué estábamos en órbita, surcando el cielo de Skyrim y tarareando mentalmente el párrafo de la canción “I believe I can fly”. Eso sí, las vistas desde ahí arriba son espectaculares. Pero por si acaso cuando volvemos a la tierra los trolls son esos seres que miramos desde lejos y a los que procuramos no tocarles los cojones mamuts.

8. Coleccionar más títulos que la Duquesa de Alba.

Me río de Aragorn. Mi nórdica es Isilion, la nacida del dragón, Thane de Carrera Blanca, archimaga del colegio de Hibernalia, Heraldo de los Compañeros, Ruiseñor del Gremio de los Ladrones, Oyente de la Madre Noche… y no sigo porque tengo una vida.

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9. Matar dragones como quien mata mosquitos en verano.

La primera vez que nos enfrentamos a un dragón en Skyrim es en plan ¡¡ostiaputaquesubidoooooooon!! pero al cabo del cuarto o quinto dragón sólo te sale pensar “Meh, otro puto dragón”. Y ahí estás tú, tirándole flechas, metiéndole con el hacha/espada/insertar arma o a puñetazo limpio (como vi hacer al Jarl de Carrera Blanca, que iba todo loco) y esperando que el bicho se muera pronto para poder seguir con lo tuyo, que es robar, robar y robar. Y de vez en cuando matar a algún desconocido que anda sólo por el bosque. Y eso para que aprenda la lección, ¡es que a quién se le ocurre!

Lo malo de los dragones es que además de ser tan molestos como los mosquitos en verano, se matan con la misma facilidad (recuerdo aquí que vi a un caballo matar a un dragón). A ver si algún alma cándida se inventa un mod de un insecticida para que dejemos de perder tiempo y flechas con los dragones de Skyrim, que vienen a convertirse en las palomas del juego.

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Mentira. Mi vida es matar dragones.

10. Casarte por la dote.

Casarte en Skyrim supone la ventaja de que nunca te faltará una comida al día además de que por arte de magia tu parienta (o pariento) adquirirá tras la boda conocimientos suficientes para poder emprender un negocio. Así, además de dejar de coleccionar el pan rancio que te encuentras en cuevas y lugares en condiciones ambientales dudosas, tendrás tu propio dinero para poder comprarte lo que te plazca (no nos engañemos, seguiremos robando porque sí).

Un punto positivo del juego es que te puedes casar con quien te salga de la pepitilla (o del pepino). Esto en cuanto a género. Los de Skyrim que saben que hay un filón con las bodas gays. Yo como vivo por y para el hurto, casé por amor a mi nórdica con Aela la Cazadora. Tonta no soy.

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11. Gritar FUS RO DAH como si nos pagaran por ello.

Desde el Hadouken o el Kame-Hame-Ha no nos emocionábamos tanto gritando algo.

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12. Fomentar el Síndrome de Diógenes.

Ese objeto no te hace falta para nada, lo sabes. Pero lo quieres. Y así tenemos nuestras casas, auténticos museos donde almacenamos todos los objetos que vamos recogiendo en nuestras aventuras: escobas, picos, palas, hachas, el mismo colgante veinte veces. Ah, que gran colección de material histórico. Dentro de poco cuando jubile a  mi nórdica pondré un cartel frente a la puerta de mi casa que diga: “Museo de antigüedades” y que entre todo dios a ver mi colección de heces de diablillo y curiosidades varias…

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13. Morir de manera épica.

Hacer el salto del ángel con tu caballo; morir aplastado por un carro de coles; ir en plan kamikaze contra un troll; gritarle a un sacerdote; creer que eres un argoniano que puede respirar bajo el agua; que un tronco te desnuque en el aserradero; haciendo parkour por los tejados de alguna aldea; enfureciendo a una muchedumbre; corriendo hasta morir; correr sobre una mesa mientras los demás comen; que se te eche la guardia encima por pegar a un árbol; hacer un veneno y probarlo; tirarte por las escaleras… las posibilidades son infinitas, pero sin duda esta mi favorita: QUE TE CAIGA UN MAMUT DEL CIELO.

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Solicito permiso para aterrizaje de emergencia

14. Enfurecer a las masas.

Correr en tu forma de hombre lobo, pegar a un guardia, pegar a un aldeano, pegar a una vaca, gritarle a una gallina (que nos gusta esto un rato largo…), robar a plena luz del día ganzúa en mano… cualquier excusa es buena para montar una tangana en el pueblo y que todo el mundo se apunte al deporte de pegarte.

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Mírala, si es que me está pidiendo a gritos que le grite.

15. Pasar el 99,9% del tiempo que juegas decidiendo que objeto tirar.

Es que todo es gratis… o bueno, casi todo. Es lo que tiene que olvidemos la misión principal y dediquemos nuestra vida a robar.

16. Escuchar a todos los guardias contar la misma historia. Flecha en la rodilla, ¿mito o realidad?

Puedes luchar en cualquier situación de peligro. No importa que un mago te haya incrustado un bloque de hielo en la cabeza o que de tantas flechas que llevas clavadas parezcas un colador, a esto todavía se le puede sacar partido.

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Pero lo que todos sabemos es que lo que de verdad te jubila en Skyrim (y te devuelve a la vida real) es que te metan un flechazo en la rodilla.

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ZAS, en toda la rodilla.

Street Fighter: FINAL ROUND!

Para cerrar esta serie de entradas sobre gente que pega a otra gente, dedicaré la última a algunos personajes nuevos que, entre todos los que CAPCOM se empeña en crear, no son tan inútiles como el resto.

Sakura Kasugano: Esta jovencita es una colegiala japonesa que está absolutamente flipada con Ryu, tan flipada que es una especie de versión femenina del personaje en insoportable y fanática a la que, cuando te llega el momento, le das una paliza con gusto. Eso si no te la da ella a ti. Es lo que tiene ser una believer de Ryu, que ahostia igualito que él.

 

Fei-Long: El Bruce Lee del Kung-Fu. A este tío le metieron un frasco de guindillas por el culo, tapa y bote incluídos y lo soltaron después en los rings. Consecuencia de ello, el tío no deja de saltar de un lado a otro soltando alaridos incomprensibles y asestándote patadas de fuego. Se desconoce si lo de meterle guindillas por donde nunca le da el sol le dio la capacidad de tirar pedos de fuego también. Intentó ser estrella de cine durante la friolera de dos días de rodaje. Exactamente hasta que Ryu y Ken aparecieron por el set y el se dio cuenta de que quería seguir repartiendo porrazos.

Guy: Aprovechando el gran auge de la saga “Street Fighter” este luchador se dio de baja en “Final Fight” y se pasó a la competencia a tiempo. Aunque en sus andanzas juveniles fue un delincuente, ahora es un artista marcial japonés que va a todas partes con su traje de Ninja y sus Nike pegando patadas y es tan rápido que para cuando te quieres dar cuenta ya te ha metido siete por lo menos. Su técnica de combate combina el estilo Bushin con el Ryu Ninjutsu.

Dan Hibiki: Es un personaje que ya he mencionado a lo largo de las demás entradas y que he resumido básicamente en una palabra: Inútil. Tan inútil que por eso mismo se le puede llegar a coger cierto aprecio.

Su padre Gou, fue el que dejó tuerto a Sagat y en la revancha, viendo que el niño ya apuntaba maneras metiéndose lápices de colores por la nariz, masticando cables y bebiendo a morro de la botella de lejía, se dejó asesinar por el luchador de Muay Thai.

Dan, sin una figura paterna a la que imitar, se volvió más inútil aún si cabe. Gouken se convirtió en su maestro pero al ver que el niño además de tonto solo quería vengar la muerte de su padre, le puso las maletas en la puerta del dojo.

Dan empezó a desarrollar su propio estilo de lucha llamado Saikyö-ryü que no era más que una copia de los movimientos aprendidos de Ryu y los que ya se traía sabidos del dojo de Gouken. Su única aportación al tema fue incluir burlas para desconcertar al enemigo. Si es que, de donde no hay, no se puede sacar.

En su vida personal, fue maestro de Sakura, pero esta solo lo siguió porque quería conocer las mismas técnicas que Ryu y ya sabemos que Dan era todo un plagiador nato. Por otro lado, llegó a vengar la muerte de su padre combatiendo contra Sagat. Pero eh, no creáis que ganó por su destreza, habilidad, fuerza y coraje. Sagat, que para entonces ya se había reconvertido, al ver que Dan albergaba tanto odio dejó que este le derrotara en combate para que así pudiera seguir con su vida. Evidentemente, Dan es tan idiota que ni se enteró. Después de eso, se fue a pasar unas largas vacaciones con su amigo Tarzán Blanka.

Para que os hagáis una idea de lo patético del personaje: uno de sus “ataques” consiste en lanzarte una fotografía suya firmada. Lo más recomendable es que la firmes a 7 km de tu oponente porque no os creáis que lleva un taco de fotografías ya firmadas. Él te la firma al momento y mientras tanto, el oponente puede aprovechar hasta para hacerse un pincho moruno con él.

Birdie: La historia de un luchador “humano” (cruce de Blanka y Zangief) que pasó de ser blanco a negro de la noche a la mañana. Una especie de Michael Jackson punk (crestaza en la cabeza incluida) que sufrió la evolución contraria. Lo más inquietante es que llamen ‘pajarito’ a un bicho que parece una montaña de pedruscos. A lo mejor es por eso del cuerpo canario de los que abusan de los esteroides. En cualquier caso, Birdie, como Vega, debe tener también unas 50 enfermedades contraídas porque le encanta chupar la cadena con la que te atiza hasta que lloras como una niña cuando se le cae la bola de helado del cucurucho.

Dentro de los Expediente SF también encontramos otros luchadores  pintorescos como Sodom, lo que pasa cuando un chino se come a un quaterbark americano, le da indigestión y le sale esa cosa con sais; La bruja de Rose, una especie de alter-ego femenino en bueno de Mr. Bisón; Cody Travers un tío rubio que tuvo que aprender a luchar para que en la cárcel no le dejaran el ano como un bebedero de patos; El Fuerte un luchador mexicano que lleva máscara y cuando no está peleando en el ring se está peleando en la cocina con los fogones debido a que quiere ser chef. Considerado casi tan rápido o más que Vega; Sean Matsuda otro luchador brasileño que es conocido por el enchufe que tiene de Ken, su maestro; y por último, están los bichos raros como Necro y Seth, luchadores genéticamente modificados que esperemos que nunca lleguen a reproducirse con nadie.

Están por confirmar nuevos luchadores para futuras entregas como Pepe, un jugador de fútbol portugués que entre partido y partido da rienda suelta a su deseo de romper piernas, dientes y lo que pilla y otro futbolista holandés, De Jong, cuya especialidad es dar patadas voladoras.

Por último no puedo cerrar esta etapa en mi vida como bloggera sin daros un consejo que os será muy útil si finalmente os volvéis unos frikis del SF: nunca, por nada del mundo, te pares a analizar los movimientos de tu adversario, para cuando te des cuenta ya tendrás tu barra de vida bailando. Deja que te posea tu Hadou oscuro y mientras le gritas toda clase de insultos a la tele pega en los botones como si no hubiera un mañana. Aunque sabed que lo que realmente me apetece después de todo esto es romperos las piernas a todos.

¡HADOUKEN!

Street Fighter Vol. III

 LOS MALOS DE STREET FIGHTER (y agarraos, que vienen curvas con los nombres)

Mike Balrog: Este conjunto de formaciones rocosas luchador de boxeo profesional se pasó al lado oscuro con Mr. Bison cuando su carrera se vio truncada por su violencia, que acabó con un rival muerto sobre el ring, aunque no sabemos si antes de matarlo le arrancó parte de su oreja. Y digo esto porque Balrog era originalmente (y lo sigue siendo en Japón) Mike Tyson Bison. Al margen de esto, es un personaje bastante aburrido desconocido que te mete las tortas en Las Vegas con un montón de ricos mirándote. Se le conoce también por ser quien daba los recaditos a Cammy mientras esta trabajaba para Mr. Bison.

Sagat: Sagat es un luchador tailandés de Muay Thai con una zancada más larga que la de un flamenco con la que puede hacerte saltar hasta las muelas del juicio aunque estés a 2 kilómetros. Irónicamente, esto hace también que sea su punto flaco, dado que tiene la misma estabilidad que un castillo de naipes.

Le tiene una tirria enorme a Ryu y es el único luchador que ha conseguido vencer al japonés alguna vez. Es, también, el único personaje entre los del grupo de los malos con cuyo nombre no dieron por el c***, quizás por que no podemos considerarlo malo del todo ya que realmente nunca se le vio muy involucrado en los intereses de Mr. Bison, sino más bien en el suyo propio de darle pa’l pelo a Ryu.

Sagat es el pupas de “Street Fighter” por excelencia ya que a pesar de que unos a otros se lanzan bolas de fuego, escapes de gas, descargas eléctricas y demás variedad de efectos especiales, Sagat es el único que arrastra las consecuencias físicas. Una cicatriz que le cruza todo el pecho por cortesía de Ryu, de ahí tanta tiña, y un parche en el ojo, aunque esto puede que sea para darse un aire más pirata malvado ya que unas veces lo lleva en el derecho y otras en el izquierdo…

Su deseo de venganza por la brecha en el pecho alcanzó cotas tan altas que fácilmente podría haber sido el fundador del club de antifans de Ryu en vista de que tiene tantos. Sin embargo, como buen tailandés, no podía ser sólo una bestia parda del Muay Thai, por eso cuando se da cuenta de que la venganza no es el camino, abandona su rencor y se dedica a recoger flores de los bosques tailandeses.

En realidad se dedicó a perfeccionar su cuerpo y mente para convertirse en el mejor luchador del mundo. ¿Os imagináis a un tío que tiene la cara como un cuadro y mide más de dos metros recogiendo flores? Pues eso.

Entre sus movimientos más destacados se incluye uno en forma de boomerang que lanza tanto por lo bajo como por lo alto al grito de ¡taiger, taiger, taiger! y que hace sospechar que a) es pariente lejano de Dhalsim o b) esto es cosa de budistas e hinduistas y nadie nos ha informado antes. Y respondas lo que respondas, lo único que te ganarías sería una hostia por su parte.

El escenario de Sagat se halla en las ruinas de Ayutthaya y te deja al borde de la muerte frente a la estatua de un Buda tumbado y muy complacido. Este icono te permite alcanzar el Nirvana si eres capaz de pasarte todo el torneo sin que te aticen una sola vez en las piernas. Claro que antes, debes haber tomado muchas drogas.

Aunque su lugar de batalla está cerca de Bangkok dicen que cuando saca la pierna a pasear para soltar alguna coz esta aparece en el escenario de otros luchadores.

 

Vega: Este personaje es un luchador de España. Inexplicablemente, en primera instancia fue llamado Balrog Favio de la Cerda (en Japón se sigue llamando así) pero en el resto del mundo se le cambió el nombre por el de Vega porque sonaba más español. Sigo esperando que alguien me explique en que primer momento a alguien se le ocurrió que el nombre original podía acercarse si quiera un poco a algo que se pareciera a un nombre español. Misterios japoneses.

Si hay un personaje que resuma catastróficamente los tópicos de algún país, ese tenía que ser el español. Vega, además de formar parte del grupo de rubiales de melena de anuncio, es toda una folclórica. Es un luchador que nació en Málaga y fue criado por una familia noble catalana asidua a los toros. Desde pequeñito Vega disfrutaba con la sangre y la violencia lo que desembocó en que se convirtiera en todo un señor torero ¡Olé, olé y olé!

Pero como no es suficiente con eso, él se convierte en un luchador folclórico que combina esa pasión por el toro con el ninjutsu japonés. La combinación más normal del mundo, vaya.

Vega además de muy afeminado es psicótico, sigiloso, veloz, psicópata, narcisista, sanguinario… vamos, que está como una auténtica cabra. Tan mal de la azotea que mientras que de día se comporta como un auténtico caballero español y va por ahí regalando rosas en los ruedos a Chun-Lises escandalizadas por el toreo, de noche se dedica a dar rienda suelta a sus deseos más sádicos.

Se cubre la cara con una máscara porque tiene un alto nivel de egocentrismo y no quiere que nadie le toque la cara. Le gusta infringir daño a sus rivales con una garra de tres filos al estilo wolverine que ya le gustaría a Freddy Krueger. Tiene la asquerosa manía de lamer de los filos de su garra la sangre de sus contrincantes por lo que es probable que ya tenga contagiadas unas 50 enfermedades.

Su especialidad es luchar en la jaula y cuando te toca enfrentarte a él en su terreno se pasa mal, muy mal porque no sabes si el tío está luchando o sufriendo un ataque epiléptico. Vega es el luchador más rápido de “Street Fighter” y se dedica a colgarse de la jaula trepando por ella a lo Spiderman y a dar saltos de aquí para allá, con su máscara, su garra y su pantalón de folclórica mientras tú saltas de un lado a otro intentando acertarle una hostia de casualidad.

Su escenario de lucha en el videojuego viene ambientado con varias sevillanas que bailan flamenquito al ritmo de unas guitarritas españolas y las palmas de los espectadores que ven y celebran como en un ruedo/jaula Vega te raja de arriba abajo ¡Olé, olé y olé! ¡España cañí!

Y por si nada de esto nos convencía a los españoles, allá por 1987 a un astuto desarrollador de videojuegos se le ocurrió que incluir la bandera preconstitucionalista con águila y todo en la pequeña pantalla nos iba a alegrar la hostia. ¡Olé, olé y olé! ¡España cañí! ¡Viva Franco, arriba España!

Además, cuando ya todos nos estamos imaginando a Vega cantando eso de ¡Yo soy español, español, español! cuando nos deja más rajados que un gato en día de baño, le da por soltar alaridos tiroleses. Pero ya para rematar finalmente la faena, a pesar de que Vega era narcisista, psicópata, sanguinario y franquista, como eso de tener doble personalidad le confunde tanto, lleva unos pantalones de la república que se pone en el ring cuando es poseído por el espíritu de un republicano. ¡Olé, olé y olé! ¡España cañí! ¡Viva Franco, arriba España! ¡Viva la república! ¡Tirol español!

Mr. Bison: Es un personaje de nacionalidad desconocida. Su nombre en Japón es Vega (os advertí que lo de los nombres daba quebraderos de cabeza). Es el creador de la organización criminal Shadaloo y tiene unos poderes psíquicos que ya quisiera yo para mi por las mañanas para prepararme el café o para encender la tele cuando el mando decide desaparecer en otros planos paralelos. O para que negarlo, hacerle estallar la cabeza a alguien cuando te está contando algo que te importa una mierda.

Mr. Bison tiene la apariencia de un dictador al que se le ha ido la mano con las anfetas los esteroides, además de que es igual de puñetero que uno en concreto. Sólo que sin el mal gusto para el bigote. Viste uniforme militar rojo con sombrero, capa negra y lleva placas solares en las botas, los hombros, los puños y la espalda porque digo yo que de algún modo tiene que atraer la energía oscura que hace que esté todo el día jodiendo a los street fighteros y dejando huérfanos a otros tantos.

Entre su lista de maldades contamos las siguientes:

–        Creo la organización criminal Shadaloo y un grupo de cyber robots que vigilaban a los mejores luchadores callejeros para después ser secuestrados y reclutados para sus intereses.

–        Mató a Charlie Nash, el amigo del que lleva la tribu africana en la cabeza, Guile.

–        Mató al padre de Chun-Li y a ella intentó convertirla en una autómata como Cammy.

–        Secuestró y lavó el cerebro a Ken Masters para que matara a Ryu.

–        Creó a una Cammy descerebrada para que le hiciera los trabajos sucios.

–        Obligó a dejar su tierra a la tribu de Thunder Hawk, luchador mexicano que sabe volar seguramente por las plumas que lleva en la cabeza.

–        Poseyó el cuerpo de la bruja Lola Rose (otra luchadora con poderes psíquicos) para escapar de la muerte y hacer realidad su sueño de ser Bison de día y Rosa de noche.

–        Debido a la energía que absorbe con sus placas solares es el culpable del calentamiento global.

–        Le dio una paliza a los moños de Chun-Li.

–        Se comió el último bollo que quedaba para desayunar una mañana allá por 1951.

–        Atropello al perro de tu vecino y ahora mismo está debajo de tu cama esperando para hacerte un pyscho cucurucho.

Como ser tan malvado da mucha jaqueca, para hacerse el trabajo más fácil, Mr. Bison usa una serie de poderes psíquicos en el combate que si te pillan con la defensa baja más te vale haber hecho testamento, escogido cementerio, haber dejado herederos y haberle puesto agua al perro, porque te envía directo a la tumba.

Mr. Bison se teletransporta, lanza bolas de energía psíquica y tiene un movimiento especial que hace que su cuerpo se envuelva en una llama y se lance sobre ti como un torpedo que es conocido como Pyscho Crusher y que a él le gusta llamar “Hay cucurucho”. Esto hace pensar que su conversión en dictador hijoputa viene por algún trauma con el furgón-carrito del helado que pasaba por delante de las casas en su más tierna infancia. No sabemos si llegó cuando se habían acabado los cucuruchos, si lo atropelló el heladero, lo sodomizó en la parte trasera del furgón o sus padres no quisieron comprarle uno. Pero lo que está claro es que si te pilla ese pyscho crusher con la boca abierta encuentran tu cadáver orbitando en otra galaxia.

Bison ha librado a la muerte en multitud de ocasiones y siempre acaba regresando de una forma u otra, pero hay dos personajes que consiguieron dejarlo fuera de combate gracias a su poder. La primera fue Rose, quién es, presumiblemente, la parte buena de Mr. Bison y la única capaz de controlar sus poderes dado que comparten la misma fuente de energía. El otro es Akuma, el único que realmente lo mandó al cementerio y terminó el trabajo de Chun-Li y Guile.

Aunque no tenemos ni puñetera idea de donde nació, su escenario más típico es tailandés, concretamente ambientado en el Templo del Buda de Esmeralda donde hay tapices de la batalla de Rama contra Ravana que simbolizan la lucha del bien contra el mal. Es que son de un profundo en esta saga…

Akuma: El supuesto padre encabronado de Ryu. Este hombre un buen día se cabreo y ya no pudo dejar de estar nunca en ese estado. Está tan indignado el tío no se sabe por qué que va por ahí lanzando hadöken hasta por los aires. Imagínate lo duro que debe ser vivir puerta con puerta, saludarle como a otro vecino y que te lance una hostia mañanera en la cara. Eso si va bien para despejarse y no un café. O para mandarte otro ratito a dormir, vaya.

Su nombre en Japón es Gouki, que literalmente significa “gran demonio”. De hecho, está tan endemoniado que tiene unos ojos rojos como fuego y hasta el pelo parece que le arda de tanta mala leche. Irónicamente en su traje lleva una palabra japonesa que significa “cielo” o “paraíso” y que se hace visible cuando te derrota sin que te de tiempo a parpadear y lanzándote un combo final epiléptico. Y es que matarte así para él es todo un gustazo, como estar en la gloria, vamos.

En realidad, su mal genio es una respuesta al complejo que tenía ante su hermano Gouken que primero le robo la atención de sus padres, abuelos y hasta el perro de la familia y después de su profesor de hostias. Ambos fueron entrenados por Goutetsu, que les habló del Hadou Oscuro y unos manuscritos que enseñaban esos poderes. Y pasó que por bocachancla Akuma se hizo con ellos y lo mandó al otro barrio primero a él y más tarde a su hermano, recordemos, profesor de Ryu y Ken.

Comparte la misma técnica de combate que estos dos últimos sólo que él la ha perfeccionado dando como resultado su propio estilo, el Satsui No Hadou con el que se cargó a Mr. Bison ya que cuando Akuma está en todo su esplendor es poseído por el Shin Akuma, lo que le convierte prácticamente en indestructible y una bestia parda que se carga todo lo que pilla de paso y la verdad sea dicha, pasa mucho tiempo en este trance.

A Akuma le interesa tanto Ryu que es al único de los que se ha enfrentado y que ha perdido contra él al que ha dejado vivir ya que espera que desarrolle todo su potencial y sea seducido por el Hadou Oscuro. Pero como “Street Fighter” es una saga fuera de lo normal, cuando vuelve a ir en su busca tras derrotar a Mr. Bison se encuentra con que Gouken no estaba muerto que estaba de parranda y lo reta a una batalla. Ryu, ajeno a esto siguió recorriendo el mundo descalzo.

Cuando finalmente Ryu y Akuma se enfrentaron, a pesar de que Ryu tuvo que dejar que le consumiera el Hadou Oscuro para vencer a su supuesto padre, la pureza del alma de Ryu es lo que le da las fuerzas reales para derrotarlo. Además, esa luz es la que consigue devolver a Akuma parte de su humanidad. Lo que le llevó a iniciar una terapia para ser mejor padre en el mismo centro que Guile.

Otro de los rumores acerca del personaje es que en realidad no es el padre de Ryu, sino de Dan Hibiki, ya sabéis, el Ryu fracasado amigo de Blanka. A lo mejor este es el auténtico motivo por el cual Akuma está tan enrabietado con la vida y es que a nadie le gustaría tener un hijo tan inútil como Dan. Vergüenza de padre que lo llamarían.

CONTINUARÁ…

Street Fighter Vol. I

Cuenta la leyenda que una vez existió un juego por el cual los chavales dejaban su paga semanal en las recreativas. A tal punto, que si eso pasara hoy día ya nos hubieran sacado de la crisis.

Fue mi hermano, que perteneció a esa generación de jugones, quien me contó historias como la de ver llegar a formarse colas que daban la vuelta a una calle para jugar en la recreativa de un bar. Esto pasó en la España de principios de los 90. Y yo sólo puedo decir que menos mal que entonces todavía estaba pegada a los peluches o hubiera sido mi ruina desde mi más tierna infancia.

Y lo digo porque a día de hoy, soy toda una friki de este gran juego que es ni más ni menos que el famoso “Street Fighter”, un videojuego que, a primera vista, consiste básicamente en dar hostias al rival hasta dejarlo seco o hasta que a ti se te pase la frustración por no poder soltarle una buena guanta’ en la vida real a algún/alguna gilipollas.

“Street Fighter” es un juego que versa sobre luchadores callejeros. La dinámica es muy simple. Tú eliges tu personaje y aleatoriamente te van apareciendo rivales a los que tienes que meter tortazos y mamporros varios con nombres muy impronunciables hasta llegar al bicho más endemoniado y cabreado sobre la tierra: Mr. Bison.

Pero en “Street Fighter” como saben lo que es una buena fiesta, además de pegarle patadas y puñetazos a personas y cosas que parecen personas, también se estila mucho lo del vandalismo a base de destrozar coches, cubos de basura, bidones, cajas y barriles de vino.

Como consecuencia de esto, a día de hoy hay muchos vándalos street fighteros que destrozan mobiliario urbano en las calles españolas. Otra modalidad de street fightero español que últimamente está muy de moda es uno que pelea en grupo, lleva casco, porra y escudo y que va pegando a la gente porque un tío de más arriba que le paga cada vez menos se lo manda. La diferencia está en que mientras el vándalo street fightero se mete con el mobiliario, el de la porra se la desgasta en la cabeza de todo el que pilla por delante tenga culpa de algo o no.

Pero volviendo a la jugabilidad del videojuego, la idea preferible a la hora de jugar siempre ha sido la de hacerlo sólo contra el mundo la máquina ya que la de jugar contra un contrario de carne y hueso puede desembocar en una pelea de poder. Nunca se sabe cuando vas a usar el mando para jugar con la consola y cuando para usarlo como arma arrojadiza contra tu contrincante.

Y es que si por alguna razón te apetece pegar en este juego es por los efectos especiales. Si en algo fueron pioneros los que desarrollaron este videojuego fue en los combos o golpes especiales. Los combos son esas cosas que surgen cuando tú golpeas todos los botones sin ton ni son hasta que de repente tu luchador pega un salto envuelto en llamas, se teletransporta, escupe un bolazo de fuego o mete mil patadas giratorias dejando la barra de vida de tu enemigo temblando. Y no le busques la lógica, simplemente celebra ser el as en no tener ni puta idea de cómo has hecho eso.

Hay una leyenda en torno a este tema que dice que hubo una vez alguien que hacía los combos porque realmente se sabía las combinaciones de los botones. Pero admitámoslo, la mayoría de los que jugamos no tenemos ni idea de lo que estamos haciendo cuando aporreamos el mando sin piedad y se nos desencaja la cara como si fuéramos a padecer un ictus o un colapso mental de un momento a otro.

En un principio, cuando Capcom lanzó el juego solamente se podía jugar con dos personajes, pero el verdadero boom de la compañía se produjo con la llegada de “Street Fighter II” donde ya se podía escoger a cualquier luchador. Con el paso del tiempo, la saga fue incluyendo más y más luchadores (alguno evidente cruce entre humanos de dudosa condición), pero el repaso que voy a hacer a lo largo de varias entradas será de los más significativos hasta los más extraños que han salido hasta la fecha empezando por el más importante de la saga y mi favorito: Ryu.

Ryu Hoshi: Fue, es y será junto con su novio amigo Ken Masters el personaje estrella de “Street Fighter”. Ryu es el típico karateka japonés que tú ves y sólo te sale pensar “este fijo que come rocas y después caga gravilla”. Y es que es muy hercúleo él. Y muy espiritual profundo también.

Hubo una época en la que fue tan superficial como cualquier adolescente idiota en la que llevaba vaqueros, camiseta blanca y playeras, pero un buen día descubrió que él era un tío profundo y cambio todo eso por su keikogi blanco y desde entonces no se lo quita ni para bañarse. La cinta roja que lleva en la cabeza se la regaló Ken Masters un día que le abrió la cabeza en uno de sus habituales rituales BDSM entrenamientos.

Este luchador tiene un estilo de combate llamado Ansatsuken (puño asesino), un arte marcial que mezcla el karate y el judo (no lo intentéis en casa, es tan especial que solamente sabe hacerlo él, ¿no veis que come rocas y lucha descalzo?). Aquí su estilo es más conocido como Karate Shotokan porque pensaban que éramos demasiado tontos para quedarnos con eso de Ansatsuken pero algo más listos para eso de Karate Shotokan.

Ryu es un tipo parco en palabras, amable, reflexivo, paciente y con un alto sentido de la justicia, todo lo contrario al macarra de su amigo y compañero sentimental de entrenamiento Ken Masters. Su meta en la vida no es ser el mejor Street Fighter del mundo, sino dar la vuelta al mundo descalzo superarse a sí mismo. Fue criado por Gouken en su dojo ya que era huérfano y ahí es donde surgió su especial relación con Ken Masters que es, además de su compañero sentimental de entrenamiento, su mejor amigo. Porque si creías que “Street Fighter” va sólo de hacerle saltar los piños al rival, es que eres de esa parte de la población que cae en la simplicidad, ya que la saga es todo un culebrón, lleno de hostias muy duras, pero culebrón al fin y al cabo.

De hecho, Ryu es muy de meditar y de no meterse en peleas (que irónico) porque hay una fuerza maligna en él llamada Hadou oscuro que le deja el traje hecho una porquería, los pies aún más sucios y que le da un poder indestructible pero que también lo convierte en un karateka asesino. Cualidades heredadas del que dicen que es su padre, Akuma, otro personaje muy interesante (lo que yo decía, un culebrón).

Sus ataques más característicos son (y la que avisó con lo de los nombres impronunciables no es traidora…) el Hadöken o puño de energía que consiste en concentrar una bola de energía que todos los que hemos jugado a este juego alguna vez hemos intentado hacer poniendo cara de estar haciéndonos de vientre; el Shinkü Hadöken, un hadöken que te deja más pa’ allá que pa’ acá que el normal y que parece una bola de ectoplasma; el Denjin Hadöken, un hadöken que te aturde y le permite darte una paliza mientras tu personaje intenta recordar que hace ahí y porque le pega un japonés cabreado; el Shöryüken o puño de dragón, un puñetazo uppercut que realiza en un salto con giro en el aire ni siquiera visto en las mejores coreografías de baile; el Shin-Shöryuken, con una coreografía del puñetazo mejorada y más precisa; el Tatsumaki-senpü-kyaku o patada tornado, una serie de patadas giratorias que hace en el aire y que derriban al enemigo que aprendió de Chuck Norris o del diablo de Tazmania; el Shinkü Tatsumaki-senpü-kyaku, que es cuando Ryu entra en modo helicóptero aspiradora y en lugar de avanzar dando patadas en el aire, se queda en el sitio girando y atrae al enemigo hacia sí aplicando aquí la ley del mínimo esfuerzo; y el que te Jodan-sokutö-geri, una patada en toda la jeta con el canto del pie, ese pie que debe de tener más mierda acumulada que un estercolero ¿Nadie se ha preguntado nunca como le tienen que cantar los pies a este muchacho?

Eso sí, como tiene tanta mala hostia ahí almacenada, todos estos mamporros te los mete en un pintoresco templo budista que le sirve para recordar mientras te está partiendo la cara que lo tiene que hacer suavemente para no despertar la fiera que lleva dentro y matarte.

Kenneth Masters: Este rubiales estadounidense es el típico niño de papá que tiene todo lo que quiere con la ventaja de que si no se lo consigue el dinero, se lo consiguen los mamporros que arrea. Porque mirad que es bestia este macarra.

A diferencia de su amigo japonés, Ken es más fanfarrón, impulsivo, chulo, presumido… vamos, el Cristiano Ronaldo de los juegos de lucha (Ken también puede decir eso de: soy rico, soy guapo y un gran luchador).

Ken, además de practicar el karate kyokushinkai (si lo has leído detenidamente y no de corrido a este punto te has ganado un descanso) comparte el mismo estilo de lucha que Ryu y se esfuerza por ser un gran luchador centrándose en ganar sus combates pero a diferencia de Ryu no perfecciona sus técnicas. Dicho de otra forma, es un vago con talento innato para el arte de pelear.

Lo cierto es que la especial amistad de Ken y Ryu ha dado lugar a apasionados debates en la red sobre la verdadera naturaleza de su relación. Ken llegaba a casarse con una tía igual o más rubia que él con la que después poder compartir peluquero y tinte de pelo, pero en las películas que existen sobre la saga siempre se ve a Ken taciturno por la ausencia de Ryu. Yo no es que me suba al carro de la homosexualidad encubierta (eso es algo reservado a papá oso Zangief) pero si que creo que Ken disfrutaba un poquito con las zurras que le metía Ryu, algo así como una relación BDSM, un placer oculto en eso de pegarse palos el uno al otro que sólo dos tíos tan curtidos en el combate podrían entender.

Al margen de esto, la lucha interna de Ken no es tan dramática como la de Ryu que tiene que lidiar con su Hadou oscuro y una capa de roña en los pies aún más oscura. Únicamente, Ken dio muestras de ser un asesino nato (y muy guarro en la batalla, para que negarlo) cuando Mr. Bison lo convirtió en Sennou Ken al secuestrarlo y lavarle el cerebro aunque a un tío rubio que ha recibido hostias casi desde que nació no habría mucho que lavarle para hacerlo pelear contra Ryu ya que está obsesionado perdido con él. Además de compartir la afición de Ryu de dejarse llevar por su lado oscuro, a Ken también le gusta pegar a la gente descalzo a pesar de tener dinero para comprarse una zapatería entera. Al menos el japonés tiene la excusa de que es pobre como una rata.

Sus ataques más característicos son el Hadöken o puño de energía que a diferencia de la bola de energía de Ryu que parece más bien un escape de gas, la de Ken suele ser de fuego y tiene menos fuerza; el Shöryüken o puño de dragón que es el movimiento especial estrella de Ken ya que si te pilla desprevenido te deja más quemado que la moto de un hippie. Y literalmente, porque mientras Ryu se limita a pegarte un puñetazo en el mentón, el golpe de Ken es ígneo y si te engancha, luchador a la brasa asegurado; el Ryusen Kyaku o patada alada de dragón que es una técnica exclusiva de Ken que consiste en ponerte la pierna encima y no dejar que levantes cabeza (yo no digo nada de tener un movimiento bautizado con el nombre de Ryu y lo digo todo….); el Tatsumaki-senpü-kyaku o patada tornado una técnica que domina mejor Ryu pues Ken no derriba a sus oponentes con sus patadas giratorias; y el Shöryüken Reppa que es el puño de dragón secuencial y que te convierte directamente en cenizas.

Ken gasta su dinero en invitar a sus amigos snobs para que le griten lo fantástico que es y el pelazo tan bonito que tiene mientras lo ven pelear desde un yate de lo más cutre atracado en un muelle de dudosa legalidad en el que lo que menos te sorprendería es que durante el juego aparecieran por allí un par de tipejos con una alfombra muy grande enrollada y la lanzaran al mar.

Chun-Li Zhang: Esta mujer china de cuerpo absolutamente desproporcionado con dos patazas sumamente musculosas que yo creo que oculta con medias para que no se vean los dos jamones que lleva ahí escondidos curándose y que además tiene cintura de avispa y una delantera mejor que cualquier airbag de hoy día, es una policía de la Interpol versada en el arte del Kung Fu que además combina con algunos movimientos de Tai Chi.

Chun-Li (Belleza primaveral y el apellido que yo creo que debe significar “que te quita las alergias a patadas”) es considerada la primera gran heroína de los videojuegos además de todo un icono sexual para los más frikis. A día de hoy, muchos de ellos siguen empeñados en darle al pause cuando ésta gira cabeza abajo para ver si así consiguen verle el coño tanga algún día. A ella le debemos un montón de disfraces de luchadora poli/putilla.

Su historia se cruza con la de Ryu (especialmente con la de este, porque todos tienen que obsesionarse con él, es ley en esta saga) y Ken a los que en más de una ocasión ha tenido que ayudar/recurrir para cumplir su vendetta personal contra Mr. Bison ya que este asesinó a su padre y a ella una vez le metió tal paliza que por una vez alguien hizo que esas ensaimadas que llevaba en el pelo en honor a la princesa Leia perdieran su forma siempre perfecta. Y si es como yo, el pelo es algo casi tan sagrado e intocable como la familia.

Todo para que a la hora de la verdad fuera otro el que terminara el trabajo que ella empezó porque cuando tenía a Mr. Bison sometido a sus patadas de burra, le entró el cuarto de hora de perdonar al enemigo y poder seguir en paz con su vida de ídolo sexual de masas.

Tiene una muy larga lista de ataques en los que casi siempre está de por medio alguna hostia con la pierna (eso cuando no es con las dos). Es capaz de concentrar bolas de energía en sus manos llamadas Kiko-Shou y Kiköuken pero al margen de eso, lo que le gusta es dar patadas de todo tipo: giratorias, boca abajo, con piruetas, en espiral, ascendentes, descendentes, verticales, altas, bajas, combinadas, cruzadas, mientras se hace un sudoku… visto esto no sería extraño pensar que lo que le pasa en las piernas es que las tiene hinchadas de tanto usarlas para partir cabezas.

Su escenario de lucha es un barrio chino lleno de puestos de arroz además de un lugar extraño en el que están apunto de cortarle la cabeza a una gallina y en el que tampoco me extrañaría nada que extrajeran órganos a humanos. Todos los comerciantes están en actitud expectante, deseando que sea su puesto el que destroces y hay un tío que pasa todo el rato con la bicicleta por detrás. A este último desearías que le llegara uno de los golpes que sueltas o por lo menos poder quitarle la bici para arrojársela a Chun-Li cuando está emocionada soltando coces.

Edmond Honda: Este carismático personaje japonés de la saga que es un luchador de Sumo amigo de Ryu tiene que compartir nombre con una compañía de automóviles japonesa porque después de bautizar con nombres originales tantos movimientos raros los creadores del videojuego se quedaron sin ideas para darle uno a él.

Es muy popular porque tiene un ataque conocido como la bofetada de cien manos y que consiste en agitar la manaza que tiene a lo Señor Elástico y engancharte todas las guantadas que pueda (aquí también echas de menos poder usar al tío de la bici como arma arrojadiza). De hecho, todo aquel que escogía este personaje en las recreativas dejaba el botón asociado a ese movimiento tan usado que se dice que después, con sólo mirar la tecla podías moverla.

Otro ataque muy interesante de este enorme luchador es uno que desafía cualquier ley de gravedad y es que Honda de repente se lanza como un misil contra su oponente cruzando todo el escenario de combate en una perfecta línea recta que ni la mejor y más grácil bailarina del mundo trazaría. Eso a pesar de que, repito, es luchador de Sumo.

Si bien creo que lo más peligroso que podría pasarnos de manos de este personaje es que nos cayera encima de culo y abierto de piernas ya que como buen sumo que es su indumentaria consiste únicamente en un mawashi azul que más bien parece una toalla mal enrollada.

Honda también forma parte del club de los luchadores descalzos y seguramente entre los temas recurrentes de conversación con Ryu esté el por qué luchar así. Además, como son tan buenos amigos, antes de cada combate Honda siempre le tira un puñado de arroz para que luche con el estómago lleno.

Si algo hay que reconocerle a Honda es que es el luchador más higiénico de los Street Fighteros ya que este sumo pelea en una sauna japonesa, para que cuando le salpique la sangre de sus contrincantes o le revienten la cara tenga el aseo lo más cerca posible.

CONTINUARÁ…